Nariz de sommelier
Con el tiempo nuestra capacidad para percibir olores disminuye, por lo que debemos ser cuidadosos con el aseo personal
Perfume de gardenias tiene tu boca…
A. Fernández
Mi querido viejo, he recibido comentarios de mis amigos lectores que expresan su deseo de que la alegría llegue a sus vidas, a sus corazones y que se acaben ya los lamentos por la pandemia, la cual nos ha traído como monjes en cuaresma.
Todos queremos olvidar estos meses, en los cuales la única preocupación ha sido no enfermar y no morir. Quiero, por eso, hablar un poco de este sentido un poco olvidado: el olfato.
Los expertos en antropología dicen que el olfato es el órgano de los sentidos más importante, y lo sigue siendo en muchos animales que conocemos, pero que al paso de los siglos, cuando nuestros antepasados comenzaron a caminar erguidos, la vista superó al olfato. Ahora sabemos que, por encima de los olores, nos guiamos por las imágenes y los colores. Así es la vida. Pero eso no le quita importancia al olfato, porque buena parte de nuestros sentimientos está asociada al olfato, sea el aroma de una flor, el de un cafecito caliente en la mañana al desayunar, el que exhala la piel de la persona amada o tantos, tantos olores más.
Los seres humanos disfrutamos al percibir diversos olores y hay quien tiene una mayor capacidad para distinguirlos y precisar su origen. Siempre me sorprenden los amigos sommeliers (los verdaderos), que son capaces de distinguir frutas, yerbas, madera, cuero, etc., en una copa de vino.
Hay lugares en donde se mezclan los olores y pueden causar reacciones desagradables, como en las concentraciones humanas: el metro, los autobuses, una peregrinación, una iglesia e incluso un teatro o cine; las mezclas de olores agradables y repulsivos nunca será buena.
¿Y qué hay con los olores de nuestro cuerpo, querido viejo? Siempre sonreiremos con el olor de un bebé recién bañado, admiraremos el olor de una joven que sale de su casa a trabajar, percibiremos la invitación que surge del aroma del perfume de la persona amada y recordaremos algún rasgo especial de los aromas de quien ya no está con nosotros.
Pero, en lo personal, ¿qué debemos hacer? Al paso del tiempo nuestra capacidad para percibir olores disminuye, por lo que debemos ser muy cuidadosos con el aseo personal: nuestro cabello, corto o largo, deberá siempre oler a limpio, hay que lavarlo bien porque las grasas y los aceites del cráneo pueden tener un aroma que no es agradable.
La boca merece toda nuestra atención, porque por la boca entran toda clase de sustancias, alimentos, crudos y cocidos, bebidas dulces, amargas, destiladas, medicinas en polvos o en pastillas y tantas, tantas cosas más; ¿qué tan limpia está tu boca?, ¿cuántas veces al día la cuidas, cepillas los dientes y las encías?
Recuerda que el sudor corporal afecta y si no te bañas correctamente, aunque uses la ropa más limpia, acabará por impregnarse de aromas molestos; junto con el buen baño, los desodorantes y antitranspirantes evitan que el sudor impregne tu persona y afecte a tu ropa. Y, por supuesto, si te gusta usar esencias o perfumes, ¡házlo!, es un regalo para ti y un regalo para los demás.
Querido viejo, hoy, que queremos revivir con la primavera, cuida tu cuerpo porque es el único con el que vivirás siempre; la limpieza, la pulcritud y aún la elegancia de un perfume, por sencillo que sea, serán tu mejor carta de presentación, para ti y para los demás.
