Muerte sin fin

Ojo por ojo y el mundo quedará ciego. M. Gandhi Querido viejo: hoy no quiero hablar de nuestra vejez, me enteré de manera directa de lo que está ocurriendo en Israel, y quiero hacer una reflexión, porque es algo que viví hace muchos años y hoy me afecta de modo ...

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Ojo por ojo y el mundo quedará ciego.

M. Gandhi

Querido viejo: hoy no quiero hablar de nuestra vejez, me enteré de manera directa de lo que está ocurriendo en Israel, y quiero hacer una reflexión, porque es algo que viví hace muchos años y hoy me afecta de modo particular.

Corría el año 1967, yo estaba en París haciendo un posgrado en cirugía y conocí a una señora judía, amiga de mi esposa, que lloraba porque su hija, una joven de 20 años, había sido llamada a las filas para defender a su país. Al mismo tiempo, en la Ciudad Universitaria conocí a un joven médico libanés que llegó llorando y nos dijo que había sido llamado al Líbano para incorporarse al ejército. Los enfrentamientos entre judíos y musulmanes estaban en su momento más álgido, y supe que ellos, como miles de seres humanos, irían a la guerra, tal vez para morir.

Muchos años después he conocido a amigos, pacientes, incluso operados por mí, que han viajado a Israel y están en el ejército, y ahora, que nuevamente el pasado 7 de octubre se volvieron a tensar las relaciones, quiero reflexionar sobre lo que vivimos, vemos en la televisión, y no nos importa.

La realidad es que, desde que el mundo es mundo, las guerras, a pie o a caballo, con hachas, lanzas, flechas, pistolas, rifles, ametralladoras o bombas, son la manifestación de una cultura de la muerte que nunca ha dado ni dará resultados.

Miles de millones de dólares, euros, rublos, yenes, etcétera, se invierten en la maquinaria de guerra, cuyo único fin es el poder, ignorando totalmente al ser humano.

Con motivo de los atentados a Estados Unidos, y la reacción de presidentes como Jimmy Carter, aumentó la tensión entre Estados Unidos y las potencias de Oriente Medio; y la guerra de Afganistán de 2001 a 2021 confirmó la vocación de muerte que tiene la humanidad.

¿Cuántas muertes inútiles en estos conflictos?, ¿cuántos proyectos de vida truncados, como los de aquellos amigos míos en París?, ¿cuántas vidas destruidas?; hoy sabemos el destino de muchos excombatientes, que regresan a sus casas, no reconocen a sus familias y se vuelven locos; muchos otros que perdieron todo y viven como pordioseros, miserablemente, deambulan en las calles o terminan suicidándose.

Y ahora, con lo ocurrido en octubre en Oriente Medio y las declaraciones de guerra, volvemos a ver la muerte de miles de inocentes, la destrucción de miles de casas y edificios, y el horror del dolor indescriptible de un padre frente a un hijo masacrado.

Hoy quiero elevar la voz para hacer eco de ese amigo que está allá en Israel, temeroso por la vida de sus hijos.

Se dirá que así es la vida, y me niego a aceptarlo, no nacimos para morir en una guerra, nacimos para vivir, vivir plenamente, producir, trabajar, gozar, disfrutar de la familia, los amigos y conocidos, queremos más lectura y menos peligros, más música y menos duelos, más bienestar y menos incertidumbre. Pelear y morir en una guerra es idiota, no importa en qué bando estés.

Se vale reflexionar.

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