México es una dictadura

La democracia no es solamente el derecho a votar, es el derecho de vivir en dignidad. Naomi Klein La historia de nuestro México está llena de relatos, anécdotas, discursos y enfrentamientos políticos; poco a poco los mexicanos aprendimos el valor de la democracia, ...

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

La democracia no es solamente el derecho a votar, es el derecho de vivir en dignidad.

Naomi Klein

La historia de nuestro México está llena de relatos, anécdotas, discursos y enfrentamientos políticos; poco a poco los mexicanos aprendimos el valor de la democracia, con titubeos al inicio y fortalecida después, consolidada por una Constitución Política, división de Poderes y elecciones libres. Lamentablemente, transcurrieron los últimos seis años en los que el único objetivo de quien ya no está fue destruir todo vestigio de democracia, agredir y aniquilar nuestras instituciones y buscar el poder absoluto. Hoy vivimos una de esas épocas en que no sabemos si reír o llorar, porque lo que vemos todos los días, es, por decirlo de algún modo, lamentable, estúpido y mendaz, es la dictadura, monda y lironda, punto.

En más de una ocasión, quien es ahora la Presidenta de nuestro país, señaló su defensa de la democracia: “Siempre he luchado por la democracia, luché toda mi vida por la democracia, no llegué a este cargo para destruirla”, y así se presentó, impecablemente vestida, cuando juró “guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen”.

Pero acto seguido, sola o con la ayuda de impresentables especímenes de la peor ralea política, se ha dedicado a destruir todo lo que por decenios hicimos los mexicanos, y en pocos días ha instalado algo que se llama dictadura, monarquía, tiranía u oclocracia.

De entrada, las visitas a la Presidencia están casi excluidas, ni el embajador de Estados Unidos ni las mujeres buscadoras de  desaparecidos ni los trabajadores del Poder Judicial atienen acceso; las murallas frente a Palacio lo dicen todo. Eso hacen los monarcas, o sea que ella está inaugurando una monarquía, pero si ahora sólo se hará y se cumplirá lo que ella ordene, será una dictadura; si opta por ejercer todo el poder en contra de nosotros los ciudadanos, será una tiranía. Pero si el argumento fundamental para actuar como actúa es hacer “lo que el pueblo decidió”, entonces ella encabezará una oclocracia.

Como quiera que sea, a más de los comentarios que suscitan sus presentaciones matutinas, la diferencia entre lo que dice y su expresión corporal, sus titubeos seguidos de frases duras, la realidad es que Claudia Sheinbaum Pardo no es Presidenta, puede llamarse como quiera, pero no Presidenta.

Porque mientras los adictos a Morena destruyen la democracia, violan las leyes para obtener mayoría, anulan a la oposición, México se desmorona, no por culpa de Felipe Calderón o Enrique Peña Nieto, sino por los últimos seis años de desgobierno que tienen al país en ruinas, y por la ausencia de un proyecto de país para el sexenio 24/30.

Los problemas se acumulan: violencia sin fin (“los coches bomba no son terrorismo”), la corrupción sigue (“seremos vigilantes de hechos de corrupción”), la salud está agonizando (“tendremos la mejor salud del mundo”), la economía está quebrada, menos de 1.3% (“normalizaremos la economía”), la realidad es que, en este inicio de sexenio los proyectos fallidos de los últimos seis años siguen ahí, no hay un sólo indicio de cambio que pueda ser útil para los mexicanos.

Triste papel de quien en las mañaneras intenta imitar lo inimitable, y que vive ya en una monarquía, dictadura, tiranía u oclocracia; triste papel de un gabinete desconcentrado, incapaz, titubeante; triste papel de lo que alguna vez fue la oposición, que no acierta a entender lo que ocurre, y triste papel de nosotros los ciudadanos de a pie, que estaremos a merced de los nuevos dueños del país.

Sólo nos queda, haciendo uso de las libertades que aún tenemos, alzar la voz, decir una y otra vez nuestra verdad, fuimos traicionados dos veces, nos ofrecieron una democracia y nos engañaron, mucho habremos de luchar para revertir esta situación que ya nos hermana con Cuba, Venezuela, Nicaragua y otros.

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