México, creo en ti
Uno de los momentos más felices de mi infancia era cuando, en hombros de mi padre, veía y disfrutaba el desfile de nuestros soldados en medio de música, fiesta, color y algarabía.

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Hoy, 15 de septiembre de 2024, al ver lo que ocurre con mi país, el que me vio nacer, el que ha albergado a mis hijos, nietos y amigos, tras más de 80 años, no puedo sino recordar las palabras de Pablo Neruda, cuando decía: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche”. Porque la realidad, que muchos vemos y muchos aún se niegan a reconocer, es que nuestro país está viviendo una de las épocas más tristes y lamentables de su historia, en la que se unió las soberbia, la ignorancia, la estulticia y el odio de un hombre, frente a millones de ciudadanos que no alcanzan percibir la dimensión de la tragedia.
En estos días conmemoramos dos siglos de que el pueblo de Chiapas tomó la decisión histórica de unirse a la República Mexicana y ser la única entidad del país que es parte de la Federación por voluntad manifiesta de sus ciudadanos; de esa forma, Chiapas se convirtió en el estado 19 de la República Mexicana, fecha inolvidable. Hoy puedo escribir los versos más tristes porque perdimos todo.
Soy mexicano de nacimiento y uno de los momentos más felices de mi infancia era cuando, en hombros de mi padre, veía y disfrutaba el desfile de nuestros soldados en medio de música, fiesta, color y algarabía; las fiestas del 15 de septiembre fueron inolvidables por mucho tiempo.
Esta noche, el discurso del señor Presidente será hueco, mentiroso como nunca, lleno de frases que intentarán ocultar la realidad, pero él mismo sabe que todo es un lamentable teatro del absurdo, como las obras de Samuel Beckett.
El discurso, en medio de gritos y vivas de quienes llenarán en Zócalo, no podrá ocultar el fracaso monumental de una Presidencia incapaz, mentirosa, ignorante, que ha violado todos los principios y valores de nuestra República, y nos deja ahora, a pocos días de huir a Tabasco, la mayor catástrofe económica, energética, sanitaria, ecológica, con gastos multimillonarios y el país en ruinas. ¿Quiénes son los responsables de este 15 de septiembre?, por supuesto que el señor Presidente, motor y siniestro dirigente de este caos. Pero también millones de mexicanos que no saben ni entienden ni les interesa la política y por unos miserables pesos son capaces de vender hasta a su madre.
Y también son responsables los dirigentes de los partidos políticos, incapaces de estar a la altura, interesados sólo en medrar del presupuesto y seguir engañando a sus seguidores.
Todos, de una manera o de otra, lamentamos la destrucción del país, sus instituciones, su Constitución, y en lo personal lamentaremos la pérdida de derechos, de libertades y de seguridad, porque viviremos en la Ley de la Selva, sin normas, sin controles, sin jueces, y así vivirán nuestros hijos y nuestros nietos.
Por eso hoy en los mementos más funestos de nuestra historia, recuerdo al vate yucateco Ricardo López Méndez, quien escribió un maravilloso poema México, creo en ti, que entre otras cosas dice: “México, creo en ti como en el vértice de un juramento. Tú hueles a tragedia, tierra mía, y sin embargo ríes demasiado, acaso porque sabes que la risa es la envoltura de un dolor callado”. “México, creo en ti, porque si no creyera que eres mío el propio corazón me lo gritara, creo en ti, porque eres el alto de mi marcha y el punto de partida de mi impulso”. “México, creo en ti, en el vuelo sutil de tus canciones que nacen porque sí, en la plegaria que yo aprendí para llamarte patria: algo que es mío en mí como tu sombra, que se tiende con vida sobre el mapa”. “México, creo en ti, porque creyendo te me vuelves ansia y castidad y celo y esperanza. Si yo conozco el cielo, es por tu cielo”.
No es tiempo de llorar, los cobardes lloran porque no supieron ser valientes en su momento; urge que en la mente de todos los mexicanos renazca la esperanza, México no es, ni nunca fue, de AMLO, México es nuestro y saldremos adelante.