MITO
Los mexicanos son activos.
Existe la creencia de que los mexicanos somos activos y por eso no necesitamos invitaciones o consejos sobre la actividad física y la salud.
CONSECUENCIA
En contra de esa creencia, en México el sedentarismo, considerado como el hecho de gastar menos de 10% de la energía diaria realizando actividades físicas de intensidad moderada o alta, afecta a cerca de 60% de la población adulta. De acuerdo con datos del Inegi, sólo 39.8% de los mexicanos mayores de 18 años realiza ejercicio o algún deporte en su tiempo libre.
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición nos muestra un panorama alarmante. En nuestro país somos cada vez más sedentarios y menos activos; actualmente, sólo 1.5% de los niños y niñas, 4.7% de los adolescentes, 4.0% de los adultos y 1.5% de los adultos mayores cumplen con las recomendaciones de actividad física; esto es ahora más notable por el aumento de hombres y mujeres que pasan muchas horas sentados frente a la computadora, ya sea por trabajo o actividades recreativas, así como las personas que pasan muchas horas viendo la televisión.
De no modificarse esta tendencia, para 2030 se esperan más de ocho millones de casos nuevos de enfermedades crónicas no transmisibles y condiciones de salud mental atribuibles a la inactividad física, de los cuales más de 55% correspondería a casos de depresión, y 37%, a casos de hipertensión, con impactos económicos de cientos de millones de pesos para los sistemas de salud.
REALIDAD
El sedentarismo es un estilo de vida caracterizado por la falta de movimiento, la inactividad física y pasar la mayor parte del día sentado o acostado con un gasto mínimo de energía. Las actividades principales son usar pantallas, trabajar en escritorio y el transporte pasivo.
Las consecuencias de este estilo de vida son muy importantes:
Hay sobrepeso: se queman pocas calorías y se acumula grasa; los músculos son débiles, se pierde fuerza y masa muscular.
Los huesos se vuelven frágiles debido a la baja la densidad mineral de los huesos.
Hay mala circulación, y la sangre fluye con menor eficiencia.
Por todo esto, aumenta la posibilidad de contraer enfermedades graves, como la diabetes tipo 2, ya que el cuerpo procesa mal el azúcar; aumento de la presión arterial, ya que las arterias pierden flexibilidad, y eso incrementa el riesgo de infartos por falla del miocardio.
El sedentarismo afecta de una forma muy importante la salud mental, y por eso el individuo sedentario puede sufrir depresión: suben los niveles de estrés y tristeza o padecer ansiedad, lo cual empeora el bienestar emocional general.
Una de las consecuencias de este estilo de vida se refleja, en un grupo de población sedentaria y con enfermedades o achaques, en el aumento de consultas por esos padecimientos y la adquisición de medicamentos o productos que ofrecen la curación de esos males, sabiendo que, si persiste el sedentarismo, esos medicamentos, muchos de ellos falsos o carentes de la autorización de la Cofepris serán inútiles o perjudiciales.
Como hemos señalado en otras ocasiones en esta columna, lo importante es conocer qué es el sedentarismo y sus consecuencias, y hacer un análisis para saber si estamos teniendo actitudes sedentarias, lo que lleva a recordar las leyes básicas de la salud: alimentación adecuada, ejercicio saludable diario o tres veces a la semana, descanso y sueño suficiente sin el estorbo de la luz o el televisor, y desarrollo de comunicaciones armónicas con familia, vecinos y conocidos.
Al viejo consejo de Hipócrates: “Que tu comida sea tu medicina”, podemos añadir “que tu actividad física sea tu fuente de salud”.
