“Llega la lumbre a los aparejos”

Lo que ha intentado Trump, tanto dentro como fuera de Estados Unidos, muestra su locura y su ignorancia. Agrede todos los días a los países con aranceles, los amenaza con intervenciones monetarias, amenaza a México con invadirlo para atrapar a los narcos, y como no tiene nada que hacer, piensa en comprar Groenlandia

La vida de los hombres con poder habla de la creciente ola de triunfos de todo tipo, lo que hace que el individuo se crea omnipotente, y esa hubris o arrogancia le hacen perder la noción de la realidad y puede desembocar en el fracaso más estrepitoso. Lo que hemos aprendido de tipos como Iván El Terrible, Stalin, Hitler, Mussolini, Porfirio Díaz o Ignacio López de Santa Ana nos recuerda su ascenso en el poder, pero luego, como dice el refrán: “Les llega la lumbre a los aparejos”, pierden presencia y quedan como triste ejemplo de liderazgo equivocado.

Lo vimos hace unas semanas, a pesar de sus discursos de odio, mientras Nicolás Maduro gritaba a los cuatro vientos: “¡Vengan por mí, aquí los espero!”, en una maniobra impecable de los norteamericanos se terminó su vida pública; cuando “le llegó la lumbre a los aparejos” no pudo hacer nada y ya descansa en una cárcel de donde nunca saldrá vivo. Su caída nos recuerda otras similares, la de Batista en Cuba y Pinochet en Chile.

Y comenzamos el año haciendo un recuento de lo que han hecho dos presidentes: uno, reelecto para otros cuatro años, y la otra, Presidenta, sin posibilidad de reelegirse por aquello de “Sufragio efectivo, no reelección”.

Donald Trump es el típico “abusón” de la escuela, que hace trampa en los exámenes y hace fraudes siempre que puede; agresor, inmoral y “boca floja”, logró de mil maneras, no siempre legales, crear una fortuna y creer que puede dirigir al país; cuando perdió la elección dio al mundo un ejemplo de mendacidad, asaltando El Capitolio sin lograrlo. Años después, ganó la presidencia y quiere dominar al mundo.

Lo que ha intentado Trump, tanto dentro como fuera de Estados Unidos, muestra su locura y su ignorancia. Agrede todos los días a los países con aranceles, los amenaza con intervenciones monetarias, amenaza a México con invadirlo para atrapar a los narcos, y como no tiene nada que hacer, piensa en comprar Groenlandia.

Pero todo esto hace que los analistas expresen una y otra vez su preocupación de que más pronto que tarde, “le llegue la lumbre a los aparejos”, porque millones de estadunidenses no lo toleran, hay cada día más manifestaciones en su contra, aun en las Cámaras; muchos políticos, analistas e investigadores internacionales hablan en contra de sus fantasías y lo desprecian. No será raro que su fin esté más cerca de lo que imagina.

Y del otro lado del Bravo, la señora Presidenta cumple un año sin cumplir nada, casi supera a su antecesor en mentiras, algunas de las cuales son tan desaforadas que mueven a risa.

Claudia Sheinbaum se cree protegida por el que se fue, sin darse cuenta que entre los individuos que están en peligro por sus errores, equívocos, y sobre todo su corrupción, aquel señor puede ser el primero en caer.

Su triste afán de proteger a los cárteles de todos conocidos, a los narcos, a los funcionarios —algunos cercanísimos a ella, cuyos nombres todos conocemos—, hace que su gobierno sea un narcogobierno, y que México sea ya un narcoestado.

Pero todo se junta: el fracaso en la economía, en la educación, en la salud, en relaciones internacionales no puede seguir indefinidamente; en los próximos meses, “la lumbre le llegará a los aparejos”, y entonces veremos hechos otrora impensables.

Debemos estar atentos, porque México no es propiedad de Morena, México es de todos los mexicanos y lo rescataremos cuando a los funcionarios actuales “les llegue la lumbre a los aparejos”, y devolvamos al país la grandeza que merece.

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