Pluriculturalismo en los libros de texto

Abundan piezas de Marx Arriaga, “defensor del obradorismo”, quien, desde su puesto en la SEP, dirigió la empresa de los nuevos libros de texto, donde, además de denigrar al mestizo, plasmó la idea comunalista.

En los tiempos dorados del nacionalismo revolucionario se exaltaba a los héroes patrios y se hablaba de las maravillas del pasado azteca y de Cuauhtémoc, el joven héroe a la altura de la historia. Sin embargo, coexistía un racismo sutil en el que las minorías étnicas (indios en el lenguaje de la época; hoy, pueblos originarios) eran ciudadanos de segunda clase, despreciados e ignorados en sus derechos. La visión nacionalista del Estado ignoraba la realidad pluricultural de México.

A pesar de ese contexto, había preocupación por las minorías. Un grupo de intelectuales ligados al gobierno comenzó a producir literatura antropológica, arqueológica y lingüística que aportó elementos al indigenismo del Estado posrevolucionario. En 1948, los afanes de esos pensadores tuvieron eco y Miguel Alemán fundó el Instituto Nacional Indigenista.

El gobierno de Carlos Salinas de Gortari, con la reforma constitucional al artículo 4 de 1992, reconoció por primera vez el carácter pluricultural de México, sustentado originalmente en sus pueblos indígenas. En el gobierno de Vicente Fox, la idea de pluriculturalidad se incorporó en el artículo 2. Empezó con un tono nacionalista: “La nación mexicana es única e indivisible”. Estos fueron gobiernos que la cuatroté califica de neoliberales. Empero, la reforma al artículo 2 de 2024, la última que firmó Andrés Manuel López Obrador, ratificó esa oración. Añadió la frase “basada en la grandeza de sus pueblos y culturas”. Una frase digna de cualquier populismo.

El siguiente párrafo de ese artículo definió, en 2001, que México es una nación pluricultural. Pudiera decirse que los gobiernos que la cuatroté desprecia por ser neoliberales, no sólo abrieron la economía, también ampliaron el catálogo de derechos, incluidos los derechos humanos. Además, sembraron ideas de un nacionalismo multicultural que, en la norma, reimagina la identidad nacional, al convertir la diversidad cultural en un aspecto valioso de la pertenencia política. Esa visión ofreció una alternativa al nacionalismo étnico y patriótico.

A partir de la década de los 80, el nacionalismo revolucionario, tanto en la norma como en lo simbólico, disminuyó su peso en la política educativa, aunque los líderes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación lo mantuvieron en la retórica. No obstante, los gobiernos del PRI primero y del PAN después impulsaron leyes contra la discriminación y por los derechos poliétnicos, así como la integración de las culturas minoritarias en la narrativa nacional a través del reconocimiento oficial, disculpas y eventos culturales.

Aunque a pasos lentos, la política educativa introdujo nociones del pluralismo cultural. La SEP, aunque en pequeña escala, elaboró libros de texto en algunos de los idiomas de los 68 pueblos originarios. El gobierno de Vicente Fox dio un salto e instituyó la Coordinación General de Educación Intercultural y Bilingüe y el Subsistema de Universidades Interculturales.

La narrativa de la cuatroté en la elaboración de los nuevos libros de texto, si bien introdujo la cultura de los pueblos afromexicanos, de manera sutil regresa al nacionalismo étnico, con énfasis en el comunalismo. Esto entra en conflicto con valores liberales como los derechos individuales y la igualdad universal, pues pone la comunidad por encima de la autonomía individual. Abundan piezas de Marx Arriaga, “defensor del obradorismo”, quien, desde su puesto en la SEP, dirigió la empresa de los nuevos libros de texto, donde, además de denigrar al mestizo, plasmó la idea comunalista.

Ese proyecto no sólo quería terminar con el legado de la reforma del gobierno de Enrique Peña Nieto y de “los gobiernos neoliberales”, también con toda la herencia cultural de la Revolución mexicana y del mestizaje, a pesar del culto a los héroes y heroínas idealizados por el gobierno.

Sospecho que la SEP modificará los libros de texto con discreción y a paso lerdo, aunque seguirá rindiendo pleitesía a López Obrador. No obstante, ya se experimenta un incremento en la tolerancia a los docentes que utilizan los libros anteriores. En esos textos, aunque el pluriculturalismo no es la idea principal, sí tiene espacios dignos.