Las enseñanzas de mamá
Mi querido viejo: uno de los grandes placeres de la vida, sobre todo ahora que se juntan las arrugas con las arrugas, es recordar algunas situaciones, muchas de ellas cómicas, que vivimos con nuestra madre. Ella fue quien nos educó, y sus indicaciones y órdenes nos ...
Mi querido viejo: uno de los grandes placeres de la vida, sobre todo ahora que se juntan las arrugas con las arrugas, es recordar algunas situaciones, muchas de ellas cómicas, que vivimos con nuestra madre. Ella fue quien nos educó, y sus indicaciones y órdenes nos forjaron para siempre.
Quiero copiar algo que me llegó, porque al leerlo recordé a mi madre, su tono de voz, su decisión de hacer de mí un individuo digno y un ciudadano ejemplar. Estas son las diez enseñanzas de la mamá que nunca olvidaremos y recordamos con una sonrisa:
“¿Qué aprendiste de los labios de mamá?
1. Aprendiste que no se dice “qué”, se dice “mande”, aprendiste a decir “por favor” y “gracias”.
2. Aprendiste que tu buena conducta estaba siendo evaluada por Los Reyes Magos, Santa Claus y el ratón de los dientes, que están observándote, también teníamos “el Coco”, que podía aparecer en la noche si nos portábamos mal.
3. Aprendiste que si no te terminabas la comida: “no te levantas de la mesa, no hay postre, no sales a jugar”.
4. Aprendiste que, por lo menos una vez, tu mamá te ofreció como regalo al señor de la basura, al ropavejero o al del gas con la fabulosa frase “¿verdad que usted se lleva a los niños que se portan mal?”
5. Aprendiste que “la casa no es hotel, no es restaurante”, “te comes lo que hay”,
6. Aprendiste a curar malestares con pocos recursos. No hay mal que no sucumba ante un té de manzanilla, la sal de uvas, el bicarbonato, el árnica, el mezcal, el VapoRub, un hilito rojo. Si todo falla, siempre está el “cajón de las medicinas”.
7. Aprendiste quebrados antes de tus clases de matemáticas. A todos nos ha tocado recibir una letanía de los famosos “ocho cuartos”: “¡qué fiesta ni que ocho cuartos!”.
8.Aprendiste qué es una ramita de “tenmeacá”: nos mandaban por la dichosa ramita con los abuelos para que no diéramos lata.
9. Aprendiste remedios para enfermedades que no entiendes. Que el mal de ojo se evita con una prenda roja o con un ojo de venado, el espanto se cura con una limpia y es muy posible que alguna de tus abuelas te haya curado de empacho jalándote la piel de la espalda.
10. Aprendiste a valorar los sacrificios que hizo tu mamá para hacerte una persona de bien y de provecho. Después de todo… “¿quién te va a querer como tu madre?”.
Creo que hemos sido bendecidos por una madre que siempre se ocupó y preocupó por nuestra educación, nuestro crecimiento como ciudadanos, nuestro bienestar. Tengo el placer de reunirme por Zoom con compañeros de la infancia, y recordamos con alegría esos primeros años cuando nuestras mamás nos cuidaron y nos educaron.
Y tú, querido viejo, ¿recuerdas anécdotas o momentos en que tu mamá te cuidó, te regañó, te aconsejó?, ¿o aquellos en donde lloraron juntos? La vida nos ha permitido conocer el mundo, y todo comenzó cuando aprendimos las reglas de la vida para ser ciudadanos dignos. Y me pregunto: nuestra relación con los hijos, ¿es semejante a la que vivimos con nuestra madre?, ¿nos preocupamos y los educamos o dejamos que el iPad los eduque?
