Las alegrías de llegar a viejo

Me gusta ser la persona en la que me convertí

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Mi querido viejo: cuando nos reunimos por Zoom los compañeros que nos conocimos en la escuela primaria hace casi 80 años, nos damos cuenta de muchas cosas: una, estamos aquí, dos, no todos están sanos, tres, algunos ya no están, ésa es la ley de la vida.

Por eso hoy quiero copiarte unas reflexiones que recibí, y que se llaman Las ventajas de hacerse mayor, aunque yo las llamaría Las alegrías de llegar a viejo, así, con todas sus letras, porque hoy, la palabra viejo, con todas sus letras, me hace feliz. Es un texto excelente, te va a gustar:

“Nunca cambiaría a mis maravillosos amigos, mi maravillosa vida, mi querida familia, por menos canas o un estómago más plano. A medida que he madurado, me he vuelto más amable y menos crítico conmigo mismo.

Me hice amigo de mí mismo...

No me siento culpable por comer demasiadas galletas ni por hacer la cama cuando quiero ni por comprar algo estúpido que no necesito.

Tengo derecho a ser desordenado o extravagante.

He visto a muchos amigos y seres queridos abandonar este mundo demasiado pronto, antes de que se dieran cuenta de la gran libertad que aporta la vejez. ¿Quién me culpa si leo o juego en la computadora hasta las cuatro de la mañana y duermo hasta mediodía?

¿A quién le importará si me quedo en la cama o frente al televisor todo el tiempo que quiera?

Bailaré esos maravillosos éxitos de los años 70, 80 y 90, y si tengo ganas de llorar por un amor perdido, entonces lloraré...

Cuando quiero, camino por la playa con esos pantalones cortos, demasiado ajustados para un cuerpo ya en decadencia, y me sumerjo en las olas con abandono, a pesar de las miradas compasivas de otros más jóvenes y dinámicos. Ellos también envejecerán.

Sé que a veces tengo fallos de memoria, pero creo que es mejor olvidar algunas cosas de la vida. Recuerdo las cosas importantes.

Por supuesto, a lo largo de los años, mi corazón se ha roto o destrozado más de una vez.

Sin embargo, los corazones quebrantados nos dan fuerza, comprensión y compasión.

Un corazón que nunca ha sufrido es inmaculado y estéril, y nunca conocerá la alegría de ser imperfecto. Tengo la suerte de haber vivido lo suficiente como para tener lo que queda de mi cabello gris y mantener la risa juvenil impresa para siempre en los profundos surcos de mi rostro. Muchos nunca rieron, muchos murieron antes de volverse grises.

A medida que se envejece, es más fácil ser positivo e independiente. Importa menos lo que piensen los demás. Ya no me cuestiono. Me he ganado el derecho a cometer errores.

Me gusta ser viejo. Me gusta ser la persona en la que me he convertido.

No viviré para siempre, lo sé, pero mientras esté aquí, no perderé el tiempo lamentándome de lo que pudo haber sido y no fue, y mucho menos preocupándome por lo que será, porque tal vez ni siquiera lo vea.

Y cuando me apetezca, comeré postre en cada comida. ¿Tú lo entiendes?

¡Que nuestra amistad nunca se separe, porque reside en el corazón!”.

¿Qué te parece, querido viejo? ¡Disfrutemos el día, lo demás no cuenta!

  • Médico y escritor

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