La voz de un niño
Los niños son la esperanza del mundo José Martí Los mensajes electrónicos cambiaron la vida en el planeta, mensajes que van y vienen en la computadora, en el celular, en todos lados y a toda hora, es la mayor pandemia que ha creado la tecnología; es cierto que a ...
Los niños son la esperanza del mundo
José Martí
Los mensajes electrónicos cambiaron la vida en el planeta, mensajes que van y vienen en la computadora, en el celular, en todos lados y a toda hora, es la mayor pandemia que ha creado la tecnología; es cierto que a veces envía mensajes importantes, pero muchas veces son sólo basura que agobia nuestra mente y debemos desechar. Pienso en esto, estimado lector, porque en mi teléfono apareció un video de un niño, ignoro cómo fue grabado y quién lo editó, pero lo quiero repetir, porque tiene un mensaje singular y sobrecogedor.
Aparece en la pantalla un niño frente a un auditorio, y comienza a hablar:
“Soy un niño de Oaxaca, no tengo poder, no tengo dinero, no tengo quién me escuche, pero tengo algo que nadie me puede quitar, la verdad, porque ya no puedo quedarme callado viendo cómo se desangra nuestro país.
“Desde que nací he escuchado balazos más que canciones. Mi madre dice que antes no era así y que ella podía salir a la calle sin miedo, pero yo no conozco ese México, el mío huele a miedo, suena a gritos, huele a sangre, se escribe a balazos.
“A veces pienso que nací en el lugar equivocado, porque ser pobre es ser invisible, y ser niño es no tener voz, pero, aunque no tenga micrófono y no tenga una silla en el Congreso, tengo una historia que contar y si tal vez si la cuento, alguien allá afuera la podrá escuchar; no soy político, no soy periodista, pero tengo oídos y tengo corazón, mi corazón ya no puede más”
“¿Cuántos muertos ha dejado este gobierno? ¿saben cuántas mamás lloran todos los días por sus hijos?, ¿Cuántos niños como yo crecen sin papá, sin hermanos, sin tíos por culpa de las balas?, ¿saben de las masacres en todo el país?, ¿qué hicieron las autoridades? Nada, los abrazos no detienen balas, ¿saben cuántos periodistas han muerto?, ¿saben por qué los mataron?, por hacer su trabajo, por investigar, por decir la verdad, porque en este país decir lo que pasa también te puede costar la vida, por contar historias como la mía, por no quedarse callados.
“Al gobierno ni siquiera se le ve la vergüenza en la cara, sólo silencio, impunidad y olvido; ¿cómo vamos a confiar en un sistema que permite que los que denuncian terminen en la fosa?; a mi tío lo mataron a balazos y mi primo pasa las noches pidiendo a su papá, ¿y qué le decimos?, ¿que fue culpa de la abrazoterapia?, ¿que fue una víctima colateral de un Estado que no quiso actuar?, estamos en guerra y aquí también hay niños.
“A mí no me representa el gobierno que dice que todo está bien cuando a mi alrededor todo está mal, que no ve los secuestros, los cuerpos colgados, los desaparecidos, las fosas, ¿o ya se cansó de ver?, porque nosotros sí nos cansamos, pero de enterrar gente.
“Necesitamos un gobernante —hombre o mujer— que no regale cosas, que no mienta, sino que nos devuelva el derecho a vivir sin miedo. No quiero crecer viendo muertos, quiero ir a la escuela sin que me disparen, quiero juegas futbol, no esconderme debajo de una mesa, yo no quiero que mi mamá me diga ¡métete, ya empezaron los balazos!, yo quiero escuchar música, no disparos, quiero ver niños riendo, no madres llorando.
“Quiero que este país despierte, por eso si tú me escuchas, ayúdame, comparte mi voz, porque si este mensaje llega a todo México, tal vez todo cambie, tal vez podremos decir: ‘sí se pudo’; soy un niño de Oaxaca y quiero un México en paz”.
¿Qué te parece, estimado lector? No dudé en copiar las palabras de ese niño, que son iguales a las de miles, millones de compatriotas, pero que, por cobardía o desinterés no han (hemos) sabido alzar la voz para sacudir a la dictadura que nos agobia.
Espero que en los próximos días y meses haya miles de niños y adultos como el niño de Oaxaca, y juntos podamos sacudir la opresión que está matando a México y a los mexicanos. Es alentador saber que cada vez más ciudadanos que alzan la voz y denuncian los errores, las atrocidades, la corrupción y la ineficacia de este gobierno, que no llegó para transformar nada, sino para destruirlo todo.
¡Sí podemos!
