Gracias a la vida

Mi querido viejo: al llegar a esta etapa de nuestra vida, gracias a las comunicaciones que son cada vez más fluidas, recibimos mensajes de todo tipo: serenos y muy cerebrales, simpáticos y aún risibles, profundos y reflexivos, amenazantes o jocosos, y hasta estúpidos y ...

Mi querido viejo: al llegar a esta etapa de nuestra vida, gracias a las comunicaciones que son cada vez más fluidas, recibimos mensajes de todo tipo: serenos y muy cerebrales, simpáticos y aún risibles, profundos y reflexivos, amenazantes o jocosos, y hasta estúpidos y deleznables; y los recibimos con alegría, los seleccionamos o los desechamos, porque a estas alturas del partido, una sonrisa es una sonrisa, y es muy valiosa.

Lo que te voy a contar no llegó a mi celular ni por internet, es algo que pensé en una tarde cuando descansaba en el jardín del conjunto en que vivo, viendo a algunos vecinos caminar y reposar y a varios niños jugar, dos de ellos en bicicleta; pensé: así es la vida, por un lado comienza y esos niños están estrenando vida y por otro, hay quienes siguen y disfrutan a pesar de los años y los achaques, y aquí estamos todos.

Y reflexioné: ¿de qué está hecha nuestra vida? nuestra vida está hecha de millones y millones de minutos que hemos usado desde que nacimos, está hecha de las papillas que comimos y nos hicieron daño, de los raspones al caer del triciclo, de las calenturas por fiebre y faringitis, de aquella caída de la mesa que nos causó un feo raspón, de los partidos de futbol que perdimos, de las peleas de adolescentes que nos dejaron un ojo morado, de los regaños del profesor en secundaria, de la materia reprobada en la facultad, de las notas que se perdieron en el autobús, del examen que se tuvo que repetir.

Todo esto, querido viejo, es nuestra vida, una sucesión interminable de hechos que no volverán.

Pero nuestra vida está hecha también de aquellos maravillosos momentos, como cuando comenzamos a andar en bicicleta, cuando disfrutamos con nuestros padres la lectura de aquellos libros de aventuras, de aquellas comidas en un día de campo, con tacos, fruta y alegría, de aquel momento en que esa persona amada dijo “sí”, de nuestras azarosas aventuras antes de casarnos y, por supuesto, de todo lo que ocurrió en la luna de miel, seguido del placer inefable de ser papás, y los miles de recuerdos de nuestros hijos creciendo día con día. 

Y con la llegada de la fotografía personal, con aquellas camaritas Brownie, tenemos cientos, miles de fotografías que nos transportan a aquellos momentos, aquellos instantes maravillosos e irrepetibles: el primer beso, la primea vacación, un cumpleaños, la reunión con compañeros, y también están las imágenes de nuestros viajes, las alegres vacaciones, los reconocimientos profesionales, las sonrisas de los amigos y tantas cosas más.

Nuestras vidas están hechas de todo lo que hemos vivido, bueno, malo, alegre, triste, sorpresivo o esperado… todo eso lo hemos vivido, lo tenemos en la memoria, pero está en nuestros cerebros y lo podemos recordar.

Cuando alguien dice recordar es vivir, tiene toda la razón porque nuestro cerebro nos puede llevar de nuevo a revivir y disfrutar aquellos momentos. Te invito a que lo hagas, te va a gustar.

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