El suicidio ocurre en forma repentina y sin señales

MITO El suicidio ocurre en forma repentina y sin señales. Éste es uno de los mitos que existen alrededor del suicidio, algo que, de entrada, causa rechazo y del que muchas personas no quieren ni hablar. CONSECUENCIA Cuando al hablar de suicidio se afirma que quien se ...

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

MITO

El suicidio ocurre en forma repentina y sin señales.

Éste es uno de los mitos que existen alrededor del suicidio, algo que, de entrada, causa rechazo y del que muchas personas no quieren ni hablar.

CONSECUENCIA

Cuando al hablar de suicidio se afirma que quien se suicidó lo hizo en forma repentina, se ignora que todos podemos descubrir los signos incipientes de una decisión que afecta no sólo a quien se suicida, sino también a su familia, a sus seres cercanos, sus amigos y a la sociedad entera.                                                                                                                            Con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio —el pasado 10 de septiembre—, vale la pena abordar aunque sea someramente este problema que afecta a todos, niños, jóvenes, adultos y viejos.

REALIDAD

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi, 2008: 103) define el suicidio como “la acción de matarse a sí mismo”. Emile Durkheim, en su célebre obra El Suicidio definió a éste como “todo caso de muerte que resulte, directa o indirectamente, de un acto, positivo o negativo, realizado por la víctima misma, sabiendo ésta que debía producir este resultado”.

En 2024, ocurrieron y se registraron ocho mil 856 suicidios en México, lo que equivale a una tasa de 6.8 por cada 100 mil habitantes. Este valor supera los de 2014 y 2019, cuando las tasas fueron de 5.1 y 5.6, respectivamente.                                                                                                                 El informe del Inegi detalló que los hombres concentran la mayor parte de los casos, con una tasa de 11.2 por cada 100 mil, mientras que en las mujeres es de 2.6 por cada 100 mil.

El grupo de edad más afectado es el de 30 a 44 años, considerado etapa de plenitud laboral y familiar.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2000) a su vez, señala que si bien el suicidio no es necesariamente la manifestación de una enfermedad, los trastornos mentales sí son un factor muy importante asociado con el suicidio. Los estudios realizados por la OMS revelan una prevalencia total de 80 a 100 por ciento de trastornos mentales en casos de suicidio consumado.

Además, el riesgo de suicidio en personas con trastornos como la depresión es de seis a 15 por ciento; alcoholismo, de siete a 15 por ciento, y con esquizofrenia, de cuatro a 10 por ciento.

En las edades mayores, el suicidio también tiene una alta prevalencia, las tasas en los mayores de 65 años, están por encima de las de los otros grupos de edad.

Es de notar que una proporción importante de las personas que cometen suicidio, nunca consultaron a un profesional en salud mental, por lo que todos debemos estar atentos cuando observamos algunos síntomas, como cambios bruscos de humor o expresión de sentimientos de vacío, aislamiento social repentino de familia o amigos, descuido de la higiene personal, cambios drásticos en los hábitos de sueño y alimentación, abandono o pérdida de interés de actividades cotidianas y pasatiempos o consumo excesivo de drogas o alcohol.

Romper el silencio en torno al suicidio es clave para salvar vidas. Hablar abiertamente permite identificar señales de alerta, ofrecer apoyo emocional y dirigir a la persona hacia profesionales de la salud mental.

El diálogo sincero y sin prejuicios ayuda a disminuir el estigma, fomenta la empatía y genera conciencia social sobre la importancia de la prevención. Además, brinda a las personas en riesgo la posibilidad de sentirse escuchadas, comprendidas y acompañadas, lo cual es fundamental en un momento de vulnerabilidad.

No al suicido, la vida es hermosa y todos podemos vivirla plenamente.

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