Dos lamentables eventos

Lamentablemente volvió a aparecer el Bloque Negro, organismo informe que, con el paso del tiempo, su participación el 2 de octubretiene un afán de destruir por destruir, agredir, robar.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Para Corina Machado, por su vida, su obra y su premio.

La historia nos enseña que siempre ha existido una lucha entre el poder de la violencia y el poder de la razón; cientos de análisis, tratados y libros hablan de la búsqueda incesante por lograr la paz y la armonía, y cuando esto no puede lograrse con argumentos verbales, la violencia surge; en ocasiones de manera devastadora. Todos aprendimos en la clase de historia lo que fue la Revolución Francesa y sus consecuencias. México no ha estado libre de esas manifestaciones y lo ocurrido en los primeros días del mes lo confirma.

El clima previo al 2 de octubre de 1968 estuvo marcado por marchas multitudinarias como la del silencio, que ocurrió el 13 de septiembre y que reunió a más de 200 mil personas. El 2 de octubre de 1968, miles de estudiantes y ciudadanos se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, para llevar a cabo un mitin pacífico. Esa tarde, el Ejército y el Batallón Olimpia rodearon la zona y hacia las 18 horas comenzaron los disparos, lo que derivó en decenas, posiblemente cientos de muertos, además de heridos y detenidos. El número exacto de víctimas nunca fue reconocido por el Estado mexicano.

A partir de entonces, cada 2 de octubre se realizan marchas y manifestaciones que han derivado en actos de violencia, totalmente ajenos al objetivo de la marcha.

Y así, año tras año, ocurre una manifestación, que ahora tuvo varias características deplorables: una, que la ciudad fue amurallada como si estuviéramos en guerra, lo cual dice mucho sobre la capacidad del gobierno para evitar abusos. Luego, apareció de nuevo el lamentablemente llamado Bloque Negro, organismo informe que se originó en Europa durante los años 80 y con el paso del tiempo su participación aquí el 2 de octubre se volvió una constante, con su afán de destruir por destruir, agredir, robar. Más de 350 encapuchados usaron cohetones, bombas molotov, y destruyeron y robaron comercios.

Pero lo más triste fue la respuesta del gobierno, que destinó a mil 500 elementos con escudo, casco, rodilleras, coderas y extintores, pero que tenían la orden de ¡no reprimir ni aprehender a los manifestantes!, y por eso la agresión del Bloque Negro a los indefensos policías ocasionó graves lesiones a 94, que tuvieron que ser hospitalizados. Triste resultado de una marcha violenta.

Y el pasado domingo, fuimos testigos de otro evento que, siendo conocido y reiterado año con año, tuvo ahora una serie de características que lo harán inolvidable.

El primer año de gobierno de la señora presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, que en las últimas semanas había dado muestras de intolerancia y rechazo a las demandas ciudadanas, y se dio en medio del ya famoso “acarreo” que tienen esos mítines, con el agravante que se exhibieron grabaciones y videos de los asistentes recibiendo dinero y lonches, para que, alimentados y satisfechos, aplaudieran a rabiar en el Zócalo.

La exposición de los “logros” de este año de gobierno están ahí: somos el país más democrático del mundo, tenemos la mejor economía, Pemex es un éxito, tenemos la mejor salud, no hay desabasto de medicinas, ha disminuido la violencia, pero ni una palabra sobre el huachicol y sus graves consecuencias ni una palabra sobre la corrupción de Adán Augusto López y sus secuaces. Además, y con orgullo el oficialismo presumió que “acudieron 400 mil ciudadanos al Zócalo”, que como se sabe, tiene 47 mil metros cuadrados, y no pueden caber todos a menos que estén unos sobre otros oyendo el mensaje.

Seguiremos oyendo a diario, en el Salón Tesorería, afirmaciones y desplantes que, como decía mi tía, “dan pena ajena”.

Así estamos, incapaces de lograr la paz en las manifestaciones, e incapaces de reconocer la verdad.

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