A nosotros nos ha tocado vivir en una época que no dudo en calificar de extraordinaria en la prevención, el control y el tratamiento de las enfermedades humanas. Y es que, por siglos, los seres humanos no entendieron qué ocurría en sus cuerpos cuando aparecía un dolor que impedía los movimientos; junto a ellos, un individuo más o menos obeso se quejaba de no poder dormir, ya que el insomnio lo abrumaba y el abdomen le causaba dolores.
Y así era la vida en aquellos lejanos siglos; cuando aparecía un individuo quejándose de tal o cual molestia, la magia, la adivinación o, aun el sentido común del cuidador, el mago o el viejo del pueblo, permitían que el enfermo curara, lo que no era cierto en la mayoría de los casos y terminaba con envejecimiento, dolores, fatiga o muerte.
Quienes estudiamos la historia de la medicina, en los inmensos libros con soberbias ilustraciones, pudimos darnos cuenta del esfuerzo de aquellos investigadores que, con equipos primitivos y limitaciones, encontraban el enemigo oculto que amenazaba una vida humana
Los textos, los conceptos, las fórmulas para hacer el diagnóstico, así como los mejores medicamentos fueron popularizándose y nacieron los grandes centros médicos, unidos a centros de investigación.
Todo esto es una realidad, realidad que aprendimos de nuestros maestros y que debemos continuarla para beneficio de millones de mexicanos.
Entonces,… ¿por qué la atención a la salud es tan ineficiente?, ¿por qué hay tantas carencias en los programas de vacunación, atención prenatal, enfermedades contagiosas?; ¿qué le falta a México para ser un país sano, con ciudadanos alegres y productivos?
Yo tuve la suerte de crecer en medio de grandes médicos, grandes maestros, grandes creadores de institutos y centros de investigación; me tocó conocer y participar en proyectos nacionales e internacionales y no niego mi orgullo de ser hijo de quien, desde la visión de la salud pública, intentó hacer saber a todos la importancia del cuidado personal de la salud; entre sus publicaciones está el libro Salud pública y medicina preventiva, Ed. Manual Moderno (1), que ya cumple más de 20 ediciones.
En estos años, cuando un individuo decidió torcer el camino de la salud pública, los resultados fueron casi inmediatos: se presentaron carencias para hacer diagnósticos, para realizar análisis o radiografías, dejaron sin estudios clínicos a millones de mexicanos, cuya muerte siempre lamentaremos.
Los cierres y cambios de programación en diversas áreas de atención dan por resultado este panorama de un país que parece surgido de una catástrofe atómica. No hablaré de otras muertes por violencia, robo, etcétera, que aún esperan un programa real, realizable y efectivo.
Porque el problema principal en la salud en México es la falta de educación para la salud, la falta de programas de educación en la escuela, en la fábrica, en las industrias; los mexicanos somos analfabetas y costará mucho trabajo revertir este problema.
Lo han dicho grandes maestros de la medicina, rectores de universidades, titulares y presidentes de academias: nunca lograremos la salud para los mexicanos si ignoramos la responsabilidad de las autoridades de salud, si olvidamos la educación para la salud desde las primarias y si en cada familia no hay el deseo de vivir bien, con salud.
Usted, estimado lector, ¿está convencido de que su salud depende de las instituciones, sí, pero mucho más de usted, de su familia, de su entorno?
