Cuando “todo se junta”

Mi querido viejo: seguramente tú, como yo, has tenido momentos en que no sabes qué pasa y no sabes qué hacer, cuando “todo se junta”, los achaques de los años, ese dolor que no se quita, el recuerdo de alguien que ya no está, un conflicto familiar, y tener que ...

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Mi querido viejo: seguramente tú, como yo, has tenido momentos en que no sabes qué pasa y no sabes qué hacer, cuando “todo se junta”, los achaques de los años, ese dolor que no se quita, el recuerdo de alguien que ya no está, un conflicto familiar, y tener que tomar las medicinas a tiempo.

Cuando “todo se junta”, puede aparecer eso que se llama aislamiento psicosocial, dejamos de ver a los amigos, salir a comer, etcétera, y sólo estamos pendientes de las citas médicas. Esta situación provoca alteraciones en el ciclo de sueño y aumenta la percepción del dolor, especialmente durante la noche, cuando los estímulos externos disminuyen.

Quiero decirte, querido viejo, que no todo está perdido, desde hace unos años, eso que se llama mindfulness surge como una herramienta efectiva para reenfocar la atención, disminuir el estrés y mejorar la calidad de vida.

El uso de técnicas de mindfulness en personas con enfermedades crónicas permite alcanzar un estado de alivio frente al padecimiento. Esto se debe a que, de manera progresiva, la persona comienza a integrar su realidad actual: es una persona viva, con capacidades aún presentes y el potencial de desarrollar nuevas. Este enfoque contribuye a mejorar su calidad de vida.

Se han desarrollado diversas técnicas de mindfulness que pueden ayudar al manejo de las enfermedades crónicas, aquí señalo algunas:

Meditación guiada: consiste en enfocar la atención en la respiración y las sensaciones corporales, bajo la orientación de un instructor. Esta práctica favorece la relajación y la conexión con el momento presente.

Dejar ir: enseña a no aferrarse a pensamientos o emociones, reconociendo que todo es transitorio. Es una herramienta esencial para reducir la carga emocional negativa.

Mente de principiante: promueve la observación del entorno con curiosidad y apertura, como si fuera la primera vez. Esta actitud facilita una mayor receptividad ante la experiencia diaria.

Ejercicio DROP (Detener, Respirar, Observar, Proseguir): invita a la autorreflexión ante estímulos del entorno sin quedarse atrapado en ellos. Es útil para manejar reacciones emocionales y tomar decisiones más conscientes.

Atención a los sentidos: implica poner foco en los estímulos sensoriales que nos rodean sin emitir juicios. Esta práctica fortalece la conexión con el presente y reduce la reactividad.

Body scan: técnica de escaneo corporal que permite tomar conciencia de cada parte del cuerpo y sus sensaciones físicas, fomentando la autoconexión y el cuidado personal.

No juzgar: consiste en observar pensamientos, emociones y experiencias sin clasificarlos como buenos o malos. Esto ayuda a disminuir el estrés generado por la autoevaluación constante.

Aceptación: implica recibir pensamientos y emociones tal como son, sin resistencia ni juicio, promoviendo una actitud compasiva hacia uno mismo.

Alimentación consciente: fomenta la atención plena al momento de comer, reconociendo sabores, texturas y sensaciones, y evitando distracciones. Esta práctica mejora la relación con los alimentos y el cuerpo.

Ya hay expertos y especialistas que pueden ayudar al respecto, en México, existe el Instituto Mexicano de Mindfulness, (info@mindfulness.org.mx), a donde puedes dirigirte si consideras que estas técnicas pueden ayudarte a vivir mejor.

No olvides que vinimos a este mundo a ser felices, somos viejos, con enfermedades y achaques, “todo se junta”, pero podemos vivir cada día con una sonrisa en los labios, y mindfulness puede ayudarte.

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