Cuando los hijos regresan

El derecho a una vida digna enla tercera edad incluye a toda la familia.J. André Mi querido viejo: tu recuerdas tal vez una vieja película de los años 50, que se llamaba Cuando los hijos se van, que relataba la tristeza y soledad de quien se quedaba sola al paso del ...

El derecho a una vida digna en

la tercera edad incluye a toda la familia.

J. André

Mi querido viejo: tu recuerdas tal vez una vieja película de los años 50, que se llamaba Cuando los hijos se van, que relataba la tristeza y soledad de quien se quedaba sola al paso del tiempo cuando los retoños habían crecido y se iban, olvidando a quienes les dieron la vida.

Este problema es muy cierto, en no pocas familias suceden dos cosas casi simultáneamente: el padre proveedor llega a una edad en la que se jubila, y su vida cambia y, al mismo tiempo, los hijos comienzan a buscar su camino, viajan, se casan, y se desprenden del nido familiar, lo cual es bueno y deseable si se mantiene una buena relación familiar, que no significa que se hablen por teléfono diariamente o que tengan un contacto constante, sino que siga habiendo cordialidad, armonía, que de ser posible haya un día en el que se reúnan a platicar o a comer, cada quien con sus actividades familiares, pero sin olvidar los lazos que los unen.

Pero…¿qué pasa cuando después de un tiempo algo sucede con los hijos, una que se divorció, otro que se quedó sin trabajo o tuvo un percance, y regresan a la casa paterna? Éste es un problema que merece mucha atención, porque para cualquier persona es difícil aceptar un cambio de vida, pero, para nosotros los viejos, el que alguien regrese y no sólo ocupe lugar, sino que altere el ritmo de vida que ya teníamos, es difícil de soportar.

Lamentablemente, en la mayoría de los casos el problema se va haciendo cada vez más grande, porque lo que es simplemente la aceptación: “sí, hijo, sí hija, puedes quedarte con nosotros”, se transforma en una invasión indeseable, máxime cuando los nietos llegan a instalarse con todo el alboroto que eso supone (tú sabes, querido viejo, que las dos alegrías que tenemos con los nietos son: primero, cuando llegan; y luego, cuando se van).

Lo que es necesario hacer cuando ocurre esta situación es precisar con toda claridad lo que ocurre y lo que va a ocurrir: ¿el regreso será por un tiempo breve o para siempre?, ¿cómo participarán los hijos en el mantenimiento de la casa paterna?, ¿qué libertades o limitaciones habrá para la vida, que ya era tranquila, de los padres?

Porque, si no, puede ocurrir que esa invasión se convierta en el destierro del viejo dentro de su propia casa, con cambios desde los horarios de vida y de la comida hasta el abuso en el uso de la televisión, y aun la recámara; parece de broma, querido viejo, pero suele ocurrir.

Mi querido viejo: tu viviste y trabajaste para criar y educar a tu familia, para cuidar de tu compañera y para vivir feliz en estos años, no permitas nunca que nadie altere tu tranquilidad, aunque sean tus hijos queridos; hablando se entiende la gente y aquí la mal llamada “prudencia” no tiene lugar.

Claro, querido viejo, que si el regreso de los hijos se hace con reglas claras y todos las respetan, no tiene por qué haber problemas; nuestros derechos no pueden ni deben ser violados porque somos viejos.

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