Buenas maneras en momentos difíciles
Mi querido viejo: los años nos han enseñado muchas cosas, hemos disfrutado alegrías y tristezas, hemos vivido sueños y frustraciones, y muchas veces nos hemos quedado mudos cuando hubiéramos querido responder a una agresión, o desenmascarar una mentira. Nuestros ...
Mi querido viejo: los años nos han enseñado muchas cosas, hemos disfrutado alegrías y tristezas, hemos vivido sueños y frustraciones, y muchas veces nos hemos quedado mudos cuando hubiéramos querido responder a una agresión, o desenmascarar una mentira.
Nuestros padres nos enseñaron “buenas maneras”, para ser aceptados en la sociedad, pero estarás de acuerdo conmigo en que hay momentos en los que quisiéramos gritar, golpear y agredir a quien nos agravia sin razón y sin motivo.
Por eso quiero hacerte estas recomendaciones de “buenas maneras” para enfrentar esos momentos difíciles, cuando estés frente a alguien y pienses usar cuchillo, pistola o martillo, que pueden ser útiles si no quieres que sus amigos y conocidos te señalen con el dedo:
Cubre sus bajos instintos con una piel de cordero.
El hábito no hace al monje, pero sirve de algo.
Muéstrate cordial, atento, considerado, cortés, cumplido, educado, solícito y servicial.
Si puedes, toma lecciones de urbanidad.
Ten a mano una sonrisa cuando lances una agresión.
Reparte malas noticias envueltas para regalo.
Dile al mundo con flores que va a arrasar el planeta.
Firma sentencias de muerte, pero con buena letra.
Pon por testigo a Dios y miente convincentemente.
Ordena formar a la gente, pero sin alzar la voz.
Que a simple vista no se vea el charol de tus entrañas.
Las apariencias engañan en beneficio tuyo.
Cultiva buenas maneras donde esconder sus pecados.
Viste tu “mona de seda” y comprueba el resultado.
Conviértete en un perfecto desalmado, pero con buenos modales.
Insulta con educación, roba delicadamente, asesina limpiamente y engaña con distinción.
Calumnia, pero sin faltar, traiciona con elegancia, y perfuma tu repugnancia con exquisita urbanidad.
Dirás, querido viejo, que estas no son buenos consejos, pero con los tiempos que corren, cuando un gesto puede hacer que te agredan con un cuchillo o te maten, vale la pena, sin perder la postura, saber cómo responder a las agresiones y salir adelante.
Todos hemos tenido muy buenos amigos y también muy buenos enemigos; ya cuando sucede esto último, podemos enfrentarlos con dignidad, humorismo y categoría, sin que nadie nos pueda decir que somos “maleducados”.
Como quiera que sea, estamos en este mundo para ser felices, para sonreír cada mañana, para disfrutar cada día y, como ya somos viejos y sabios, sabremos cómo responder cuando sea preciso.
Sonríe, querido viejo, y sé feliz 24 horas de cada día.
*Médico y escritor
