Aquí no hay viejos
Mi querido viejo: ya llegamos a la mitad de otro año y estamos aquí; mientras eso ha sucedido, muchos amigos y conocidos ya han emprendido antes que nosotros el viaje que todos haremos. Eso, como es natural, nos causa tristeza y nos obliga aunque no lo queramos a ...
Mi querido viejo: ya llegamos a la mitad de otro año y estamos aquí; mientras eso ha sucedido, muchos amigos y conocidos ya han emprendido antes que nosotros el viaje que todos haremos. Eso, como es natural, nos causa tristeza y nos obliga —aunque no lo queramos— a reflexionar sobre ese momento —único para cada quien— cuando dejaremos este mundo.
Lo negativo de estas situaciones, es que pueden, si lo permitimos, llevarnos a la tristeza, el pesimismo, la depresión o algo más. Hoy más que nunca, querido viejo, debemos alimentar nuestra mente con pensamientos positivos que, unidos a una buena alimentación, un buen ejercicio físico y relaciones amables con familiares y amigos, nos permitirán vivir los años que nos toquen, de la mejor manera.
Por eso hoy quiero repetir un poema que escribió Mario Benedetti, que puede servir para darnos cuenta que la vida sigue.
Aquí no hay viejos
Aquí no hay viejos. Sólo, nos llegó la tarde:
Una tarde cargada de experiencia, experiencia para dar consejos.
Aquí no hay viejos, sólo nos llegó la tarde.
Viejo es el mar y se agiganta. Viejo es el sol y nos calienta.
Vieja es la luna y nos alumbra. Vieja es la tierra y nos da vida.
Viejo es el amor y nos alienta.
Aquí no hay viejos, sólo nos llegó la tarde.
Somos seres llenos de saber. Graduados en la escuela.
De la vida y en el tiempo. Que nos dio el postgrado.
Subimos al árbol de la vida. Cortamos de sus frutos lo mejor.
Son esos frutos nuestros hijos. Que cuidamos con paciencia.
Nos revierte esa paciencia con amor. Fueron niños son hombres serán viejos.
La mañana vendrá y llegará la tarde. Y ellos también darán consejos.
Aquí no hay viejos, sólo nos llegó la tarde.
Joven: si en tu caminar encuentras. Seres de andar pausado.
De miradas serenas y cariñosas. De piel rugosa, de manos temblorosas.
No los ignores ayúdalos. Protégelos ampáralos.
Bríndales tu mano amiga. Tu cariño.
Toma en cuenta que un día. También a ti te llegará la tarde...
Cada día se conoce mejor al cerebro y la mente humana, y en especial la de nosotros los viejos, de modo que podemos reflexionar sobre lo que nos agrada y lo que nos disgusta de la vida que vivimos, porque con la edad llegan las enfermedades y debemos enfrentarlas con alegría, ya que hay cada vez más oportunidades de controlarlas y vencerlas, pero no podemos olvidar la mente, que nos puede jugar malas pasadas; al recordar a Mario Benedetti podrás repetir con él: ¡Aquí no hay viejos!
