¿Hasta cuándo?

Para don Jesús Kumate, médico, humanista, amigo.La semana pasada escribí en este espacio acerca de que cada día aumenta “la brecha que separa a los que tienen todo e impunemente abusan de los dineros del país y los que no tienen nada y no encuentran la manera de vivir dignamente; esta brecha puede llevar a algo más que insultos en el Facebook o pancartas en las calles”; para mi sorpresa, recibí más mensajes de los esperados de amables lectores que me preguntan, ¿hasta cuándo debemos esperar?, ¿cuánto más aguantaremos?

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Y es que en el gobierno parecen no darse cuenta de la importancia de las redes sociales, de la comunicación instantánea de hechos, fotografías, videos, comentarios y hasta memes del acontecer nacional, que pone en evidencia muchas cosas que antes eran ocultadas por los controladores de la comunicación; es un hecho que la mayoría de los hechos que hoy agravian a la sociedad son exhibidos en esas redes sociales.

Pero tanto los funcionarios del gobierno como los legisladores parecen no darse cuenta de lo que ocurre, y la inacción tanto a nivel gubernamental como legislativo es patente, con las consecuencias que esto tiene.

Porque todas las esperanzas que se forjaron cuando se aprobaron las primeras leyes en 2012 y 2013, se desvanecieron por la sencilla razón de que no se han aprobado las leyes secundarias y ordenamientos que les dan vigencia, tal parece que a nadie le importa y aunque se hayan aprobado no tienen vigencia. ¿Dónde están los resultados de la Reforma Energética, y la de Telecomunicaciones, y la Educativa?, si comparamos los discursos triunfalistas al aprobarse las leyes con la triste realidad actual, vemos que, una vez más, del dicho al hecho hay mucho trecho.

Las leyes que, con bombo y platillo, se publicaron después de “arduas discusiones y sesudas opiniones” en larguísimas sesiones, están en el limbo, y aún estamos esperando la aplicación real y la implementación necesaria de leyes como la Ley de Obra Pública, la Ley de Transparencia, la Ley de la Fiscalía General de la República, la Ley de Disciplina Financiera, la de Asociaciones Público-Privadas, la del Sistema Nacional Anticorrupción, la del Mando Único y otras más; por eso un amigo comentaba cínicamente: “Somos un país de leyes, tenemos muchas leyes, más leyes que nadie, leyes que, como las del decálogo, no sirven para nada”.

Y vuelvo a mi pregunta: haciendo un recuento de los males de nuestro México, asaltos, secuestros, robos, desapariciones forzadas y asesinatos han aumentado sin cesar, no nos consuela saber que hay más asesinatos en Brasil o en Siria, vivimos en México y nunca antes habíamos vivido tal inseguridad: ¿hasta cuándo?

Y parece letanía: sabiendo cada día de más casos de corrupción a todos los niveles: policías, síndicos, alcaldes, presidentes municipales, gobernadores, funcionarios del gobierno grandes y pequeños, con desvíos de cantidades incalculables de dinero, con fraudes que alcanzan cifras que marean, con sainetes de pretendidas investigaciones que se disuelven en el aire, con ocultamientos de información, secrecía, protección de unos a otros, complicidad, silencios, y todo frente a un panorama de carestía, de devaluación de la moneda, de disminución de la calidad de vida, pobreza y hambre: ¿hasta cuándo?

Porque el hartazgo y la rabia pueden tener muchas formas de expresión, que irán desde la publicación de artículos, panfletos, libros sobre los problemas del país —y ya hemos visto cómo proliferan estos escritos, buenos, malos o abominables—, pasando por presentaciones en radio y televisión de hechos o dichos que critican abiertamente a los funcionarios del gobierno, hasta los ya mencionados textos, fotos y videos de las redes sociales, cuyo peso aún no ha sido totalmente aquilatado.

Sigo preguntando: ¿hasta cuándo?, no queremos vivir como en el 68 o el 70, con movimientos populares más allá de las ahora cotidianas marchas de protesta; ¿surgirán quienes encaucen con inteligencia la indignación popular, como surgió en España, para cambiar el rumbo del país?

Creo que este momento es crucial para la vida de México y que las autoridades del gobierno, del Presidente para abajo, deben hacer un alto en el camino y, tal vez, como lo hizo la panista Margarita Zavala, pedir perdón al pueblo por todo lo que ha ocurrido, con todo lo que eso significa; y claro, después de ofrecer disculpas, proponer un plan de recuperación de la confianza que deberá ir más allá del triste “decálogo” que expuso el Presidente en septiembre pasado.

Lo que comenzó con un Pacto en el 2012 se desvaneció ante las realidades del país; yo no sé qué ocurrirá, pero lo único que sé es que estamos viviendo un momento crítico en la historia del país

¿Hasta cuándo?

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