El desaire

El supuesto “mandato popular” que creó la reforma judicial lopezobradorista quedó reducido a la participación de apenas 13% del electorado. Incluso menos, si se considera que más de una décima parte de los votos que se depositaron el domingo fueron nulos, ...

El supuesto “mandato popular” que creó la reforma judicial lopezobradorista quedó reducido a la participación de apenas 13% del electorado.

Incluso menos, si se considera que más de una décima parte de los votos que se depositaron el domingo fueron nulos, proporción no vista en elecciones recientes, ni siquiera en 2015 cuando hubo una campaña nacional para expresar, mediante la anulación del voto, el rechazo a todos los partidos políticos.

Ayer, las reacciones en el oficialismo al alto abstencionismo que marcó la elección variaban entre celebrar que 13 millones de mexicanos hubieran salido a votar y responsabilizar a la oposición y a los medios supuestamente por haber incitado a no participar.

En realidad, el resultado obedeció a otros factores: elevar las expectativas con base en repetir hasta la saciedad la mentira de que la gente quería votar por los juzgadores; diseñar un proceso enrevesado de sufragio que dejó confundida a la mayoría de los ciudadanos, y ahorrarse la etapa didáctica del cambio emprendido, en la que los gobernados hubieran aprendido qué hacen un ministro, un magistrado y un juez.

En suma, es muy difícil querer ser parte de algo sin antes saber por qué, cómo y para qué.

El desaire también ha servido para mostrar la dependencia que la autodenominada Cuarta Transformación tiene respecto de su creador. Ésta fue la primera elección que Morena enfrentó tras la desaparición pública de Andrés Manuel López Obrador. Y, obviamente, el que el tabasqueño haya salido de su reclusión para ir a votar no fue suficiente para incitar a un gran número de seguidores a hacer lo mismo.

A diferencia del viejo PRI, que era un mecanismo institucionalizado para repartir el poder entre la camarilla revolucionaria, Morena no es un partido en el sentido clásico. No lo es siquiera de nombre. Es un movimiento creado para llevar a López Obrador a la Presidencia, pero que, luego de lograr ese propósito, no ha conseguido redefinir su razón de ser.

La aparente intención de ser la plataforma de lanzamiento político de Andrés López Beltrán probó su inviabilidad el domingo, pues el hijo del caudillo no logró movilizar a las bases para engrosar la participación en la elección judicial y fracasó también en las elecciones para renovar los ayuntamientos en Veracruz y Durango, saldos que inevitablemente habrá que cargar a su cuenta como secretario de Organización de Morena.

Claro, es casi seguro que lo anterior no se ventile en público, pues es aún arriesgado hacer enojar a López Obrador. Lo más probable es que se señale como responsables a algunos gobernadores, como los de Baja California, Sonora y el Estado de México, en cuyos estados la participación electoral se quedó por debajo del 11 por ciento.

Por cierto, qué mal hizo ver el priista Manolo Jiménez a sus homólogos morenistas, pues Coahuila –de acuerdo con resultados aún incompletos del cómputo– era la entidad con la menor abstención al momento de escribir estas líneas. Quiera que no, mandó la señal a propios y extraños de que él sí sabe movilizar.

La actual situación de López Obrador es negativa para el oficialismo. No es un retiro completo, pues ha dejado alfiles incrustados en el gobierno y en Morena para que no lo olviden. Pero, al mismo tiempo, está suficientemente ausente como para no gestionar el día a día del movimiento y resolver las disputas entre sus distintas facciones.

Y por más que se haya esforzado el domingo en ensalzarla como “la mejor presidenta del mundo”, el tabasqueño, con su ausencia/presencia, no deja que su sucesora asuma plenamente el poder y tampoco la ayuda a deshacer entuertos.

Pero pese a que es imposible transformar la baja participación en los comicios judiciales en evidencia de un mandato popular, el oficialismo sí tiene algo que presumir: con un número de votos que representa una fracción muy pequeña del listado nominal de votantes, los candidatos impuestos por la línea e impulsados por los acordeones se convertirán en nuevos miembros de la judicatura, dando a la Cuarta Transformación una acumulación de poder que no se veía en décadas. Haiga sido como haiga sido.

Temas: