Ojo con el ciberbullying
Quizás usted esté enterado de que las benditas redes sociales tienen su lado más miserable. A estas alturas, el ciberbullying (o si prefiere, el ciberacoso) roba nuestra atención debido a sus escalofriantes cifras. A nivel mundial, 65% de los padres de un niño que ha sido acosado cibernéticamente menciona que el acoso tiene lugar en las redes sociales, es decir, los ataques que se efectúan en el mundo real ahora se hacen con frecuencia en el mundo virtual. El problema, pues, se multiplica.
Por Fernando Islas
Cuando a principios de los años 80 el escritor canadiense William Gibson acuñó el término ciberespacio, no había manera de que igualmente imaginara que las cosas se torcerían tres décadas después a una triste cotidianidad, el día con día de niñas y niños (y adultos) que son atacados o atacan con las mismas herramientas que utilizan para sus estudios.
Un trabajo que Ipsos Public Affairs dio a conocer en junio (Cyberbullying. A Global Advisor Survey) muestra que, de entre 13 países, México tiene uno de los niveles más altos de ciberbullying en redes sociales, con el 73%; al tiempo que 61% de esas ofensas se recibe en el celular. El asunto ya tiene sólidos antecedentes en nuestro país, donde “4.5 millones de niñas, niños y adolescentes de 12 a 19 años han sido víctimas de ciberacoso”, reza el Boletín del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres, Año 2, Número 7, del 15 de julio de 2016).
Por su parte, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía reconoce que el ciberacoso es un problema que tiene repercusión social con importantes riesgos para la salud de las víctimas, ya que los jóvenes son fuertes usuarios de las nuevas tecnologías y dedican mucho tiempo a navegar por internet y no se pueden desprender del celular (Módulo sobre ciberacoso 2015 MOCIBA. Documento metodológico, Inegi, 2016)
Para comprender el asunto, conviene empezar por el principio. La referida consultora Ipsos establece que el ciberbullying ocurre cuando un niño o un grupo de ellos (menores de 18 años) intimidan intencionalmente, ofenden, amenazan o avergüenzan a otro niño o grupo de niños, específicamente a través del uso de la tecnología de la información, como una página de internet o un chat, un celular u otro dispositivo móvil (Ipsos, Global Views on Cyberbullying).
Hay otros cientos de aproximaciones al asunto que circulan en la red, muchas de ellas en tesis o textos especializados.
Un artículo disponible en el número 71 de la revista Innovación Educativa, del Instituto Politécnico Nacional (El ciberacoso y su relación con el rendimiento académico) detalla que sus víctimas tienen mucho que perder, pues “la agresión puede suceder en cualquier momento y en cualquier lugar, con la consecuente dificultad de desconectarse del contexto, ya que los canales de comunicación siempre están abiertos; la agresión puede ser observada por una gran cantidad de espectadores, un número indefinido de veces; es posible que las víctimas nunca lleguen a conocer a sus agresores debido al anonimato que permiten los medios que se utilizan”.
Si usted llegó hasta este párrafo, comprenderá que lo peligroso del ciberbullying es que todo mundo lo puede hacer con un celular, frente a una lata de refresco, sin confrontar a nadie. Jode al prójimo y regularmente en las sombras de la red de redes. Pero como en México no es un delito, aquellos que lo han sufrido aseguran que les recomiendan ir al sicólogo.
Sin embargo, la necesidad de resolver problemáticas provoca que los ciudadanos generen culturas de prevención y combate, pero también soluciones: raíces que alcanzan a nuestros representantes. Argentina, Australia, Chile, Estados Unidos y, sobre todo, España van varios pasos adelante en la creación de leyes contra el ciberacoso, asegura Zazil Menocal, CEO de Tekhné, fundación mexicana de reciente creación para combatir el ciberbullying.
Así como a ningún niño le debe faltar ni educación ni acceso a los servicios de salud, la nueva legislatura debería tomar cartas respecto al ciberacoso.
No hay temas menores cuando la niñez está de por medio.
