La industria del engaño

Los políticos engañan. Los candidatos a puestos de elección popular, también. Los servidores públicos, ni hablar. Se dirá que no todos, y es cierto. O no todos todo el tiempo. Pero la sospecha es legítima, porque decir medias verdades es engañar. Así como las apariencias engañan, subalternos mantienen en el engaño sobre ciertos asuntos a sus superiores con tal de llevar la fiesta en paz. O de plano establecen una complicidad del engaño que, en el contexto del poder, se torna venenosa.

Por Fernando Islas

Hace años, en México circulaba una narración oral absurda sobre el poder presidencial, estampa del engaño: ¿qué horas son?, preguntaba el Presidente: ¨La hora que usted diga, señor¨.

Pero las cosas se ponen mucho más serias cuando se pretende impartir justicia con una sólida base de engaños. Ése es el eje rector de Una novela criminal, de Jorge Volpi, quien explora del espinoso caso de la francesa Florence Cassez y el mexicano Israel Vallarta, acusados de secuestro y de liderar la banda de Los Zodiacos, “capturados en vivo”, “en tiempo real” por la Agencia Federal de Investigación (AFI) para dos noticieros de la televisión mexicana de gran alcance a primera hora del 9 de diciembre de 2005, pero en realidad habían sido detenidos el día anterior. Ahí se abrió un círculo vicioso que puso en tensión a dos países con una larga cooperación bilateral.

Por si no fuera suficiente azote, a la industria del delito se le suma la del engaño en una alianza maldita cuya fuerza es muy difícil de contener y vencer.

El físico argentino Mario Bunge lo resumió muy bien: viven del delito no sólo los delincuentes, sino los que se nutren de él, entre otros protagonistas de la justicia, policías, abogados y procuradores.

Aquellos encargados de defendernos suelen desayunarnos.

“No es común que una televisora transmita una operación policiaca de este calibre en vivo. Ni en México ni en ningún lugar del mundo”, escribe Volpi al plantear lo que será el nudo de esta, dice, “novela documental”.

“¿Sabían los dirigentes de la AFI lo que iba a suceder? Conociendo el sistema jerárquico mexicano, no tengo la menor duda. Es más: tuvieron que ser ellos quienes lo decidieron y orquestaron”.

Imposible imaginar, prosigue el escritor, que la decisión de hacer un montaje de ese tamaño se haya tomado sin el visto bueno de Genaro García Luna y Luis Cárdenas Palomino, entonces director de la AFI y director de Investigación Policial de esa corporación, respectivamente.

Como se sabe, esa decisión le costó a Cassez permanecer recluida por siete años hasta que la Suprema Corte de Justicia de la Nación ordenó ponerla en libertad y le costó a Vallarta seguir preso sin que hasta la fecha se le dicte sentencia.

En el caso de la francesa es lo que el ministro Arturo Zaldívar denominó “efecto corruptor” cuando expuso que “si se hubiera puesto oportunamente a disposición la quejosa y si se hubiera dado oportunamente el aviso consular, el montaje no se hubiera podido realizar y el asunto sería, absolutamente, otro. Y esto, ¿qué generó? Generó la destrucción del principio de presunción de inocencia y la imposibilidad de que la quejosa tuviera una defensa adecuada, generando su más absoluta indefensión”.

De principio a fin, Una novela criminal es un amplio entramado del engaño. Volpi retrata el lado más oscuro del sistema de justicia mexicano, pero se toma la libertad de imaginar por aquí y por allá algunos detalles para completar un ambicioso relato basado en las evidencias documentales disponibles, tanto las judiciales como las periodísticas, así como en entrevistas y conversaciones con casi todos los protagonistas alrededor de la vida y el infierno de Cassez y de Vallarta y de aquellos que se mantuvieron atentos a su situación jurídica.

Al final, todo es un juego contradictorio de verdades y mentiras entramadas, advierte Volpi en su libro.

En perspectiva, es verdad que en México a Florence Cassez siempre o casi siempre se le consideró una vulgar criminal. Engañados, nunca quisimos escuchar nada más ni considerar otra opción hasta que el esperpento quedó descubierto. En su momento, García Luna bien pudo decir que el fin justifica los medios. Si así fue, vivía engañado.

Temas: