Dos jugadoras que abrieron cancha
Un salario y prestaciones decentes se ven lejanos para las jugadoras de futbol.
Por Verónica Mondragón*
Ha sido un deleite ver cómo ha avanzado la Liga Femenil en México desde su creación en 2017, cuando Chivas fue la primera campeona de un torneo al que solo le faltaba voluntad para consolidarse.
Blanca Félix, la portera de Chivas, y la española Jennifer Hermoso, están entre quienes destacan por haber abierto camino.
Dos jugadoras, de dos naciones, unidas en la liga de nuestro país, son estampas de lo que se juega en el futbol. Como inspiración, sí, pero al mismo tiempo como muestra de los desafíos que todavía representa jugar este deporte.
En el Mundial Femenil de Australia-Nueva Zelanda, la selección de España alzó por primera vez el trofeo mayor.
En la entrega de medallas, el presidente de la Real Federación Española de Futbol, Luis Rubiales, le dio un beso en la boca a Jennifer Hermoso, la seleccionada que, además, jugaba en el Pachuca y ayer confirmó su traslado a Tigres.
La mayor goleadora de su país festejó, sacó un sombrero de charro, en ese momento, poco se habló del beso forzado.
La humanidad ha vivido dos Guerras Mundiales, conquistas, genocidios, pasamos del Feudalismo a la Ilustración, pero no hemos sabido comprender el consentimiento.
Hermoso estaba ante miles de espectadores, sacando el orgullo por su país, ante las cámaras de un Mundial que muchas esperábamos como nunca.
Estaba en un entorno en el que no existe la posibilidad de dar o no consentimiento, únicamente existía la coerción. Jenni fue presionada por su jefe para acceder a dar ese beso. Un solo gesto opacó el mayor logro de su carrera y de su selección.
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Era el torneo de Clausura 2022, Chivas y Pachuca peleaban en la final de la liga.
Con todavía un buen tiempo en el reloj, la árbitra marcó un penal a favor de las Tuzas.
La portería rojiblanca estaba a cargo de Blanca Félix, una mujer de Angostura, Sinaloa, que creció viendo los clásicos con su abuelita y que ha sido fundamental en los dos campeonatos de su equipo. La veterana de Ecatepec y ganadora del Pichichi, Charlyn Corral, fue elegida para cobrar esa pena máxima.
“Haz lo tuyo, Blanca. Es difícil, sí, pero claro que puedes”, dijo el narrador.
Félix se tiró a la derecha, detuvo el tiro, el estadio Akron volvió a la vida y las Chivas lograron su segundo campeonato.
Semanas antes de aquel momento, Blanca se cortó el cabello, muy chiquito, “como de niño”. Según ha contado, enfrentaba una intensa depresión que le hacía pensar que no estaba a la altura de la portería.
Antes del nuevo look, la arquera recibía mensajes de hombres pidiéndole fotos en traje de baño; cuando cambió su imagen, le llegaban comentarios de mujeres diciéndole que las había inspirado.
Actualmente, una canchita de futbol en Angostura está en remodelación: llevará como nombre Blanca Félix.
Pese a esas pequeñas victorias, todavía existen gigantes que derrotar.
En noviembre del año pasado, en plena fase de liguilla, el Senado de la República propuso que las atletas, de cualquier deporte, debían tener salarios base y prestaciones laborales.
La primera reacción llegó de la Liga Femenil: su directora, Mariana Gutiérrez, cual esquirol, dijo que esa iniciativa de trabajo digno amenazaba el torneo al punto de su extinción.
Presiones como ésa no ceden: un salario y prestaciones decentes siguen lejos para las jugadoras, internet está lleno de páginas que sexualizan a las deportistas y persiste un recelo ante este deporte en sus más altas esferas.
Después del Mundial, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, dijo que las mujeres deben convencer a los hombres de que deben ganar igual.
Para el líder del mayor organismo de futbol –investigado por corrupción–, no son suficientes las dos copas del mundo que ganó la estadunidense Megan Rapinoe o los cinco mundiales que jugó la brasileña Marta.
A Infantino tampoco le alcanza con que 34 mil 931 personas fueran a ver el América-Barsa en el estadio Azteca ni la disputa semanal entre la chiva Alicia Cervantes y la tigresa Jacqueline Ovalle por el campeonato de goleo.
Para las 22 mujeres que juegan, entrenadoras, árbitras, juezas de línea, periodistas que cubren este deporte, cada partido conlleva más dificultades que su versión varonil.
Avanzamos una y retrocedemos otra.
Es difícil, sí. Hace falta trabajar en lo técnico, lo laboral y lo cultural, para que se pueda tener un mejor futbol femenil.
Como dijo Marta hace cuatro años: “El futbol femenino depende de ustedes para sobrevivir. Piensen en eso. Lloren al principio para sonreír al final”.
*Editora de Global en Excélsior
