Un futuro inconforme

La muerte también libera, dicen los budistas. Este 2016 ha estado marcado por la pérdida. El deceso de figuras que configuraron el siglo XX y quienes nos enseñaron que había otras formas de entender el mundo. Personajes que nos mostraron su camino amarillo. También es el año en que la democracia mostró su lado oscuro; se exhibió que el mundo está dividido, una mitad aplastó a la otra. Hemos visto que lo único que sí ofreció a todos por igual el capitalismo fue el miedo. Personas temerosas que nos hemos refugiado en el consumo para fingir, en una transacción, que el mundo es un poco mejor y para luego volver a sentirnos solos cuando firmamos el voucher.

Decidimos meternos en una vorágine en la que la calma está fuera de moda. Dejamos de sentir, de pensar, para reaccionar y temer. Borramos el silencio de nuestras vidas para aturdirnos con el ruido. Dejamos de escalar montañas para subir rascacielos en escaleras eléctricas o en elevadores veloces. Nos acomodamos en la vida contemporánea que nos prometió la felicidad a domicilio y ahora estamos obligados a pagar la cuenta, aunque no llegó en el tiempo anunciado. Nos sentimos engañados, desencantados, porque, además, las redes sociales nos reiteraran la desgracia. La muerte y el miedo ya también dominan esos medios que alguna vez supusimos exentos de la tragedia, porque creímos que era posible vivir la vida sin consecuencias. La vida loca ha convertido a la muerte en una estrategia de control.

La muerte tan presente en la cotidianidad nos obliga a repensarnos, a reconfigurar las búsquedas, a movernos. Una muerte puede desatar un conflicto, pero también puede convocar y unir por una causa. La muerte transforma y tenemos la obligación de vida de asumir el reto y reinventarnos. La muerte nos sacude, hay que actuar, no basta postearlo en las redes. Hacer siempre hará la diferencia.

¿Por qué se perdió el Brexit o perdió Hillary? Quizá porque se pensó que éramos tantos que no había para qué actuar. Yo no voto, qué flojera, pero todos los demás sí lo harán. Yo me manifiesto en la redes, pero ya en la vida real me requiere una logística que igual y no estoy dispuesto a organizar, porque desde la computadora o el teléfono inteligente es más rápido y fácil. ¿Eficaz? ¡A quién le importa! ¿Qué propuestas alternativas al Tratado de Libre Comercio generó México? Durante 22 años se conformó con los resultados, para qué moverle si todo iba bien; tan bien como las televisoras, las cuales confiaron en la ignorancia y, en lugar de invertir en productos de calidad, le apostaron a la mediocridad, claro, creyeron que nunca sus espectadores tendrían acceso a otras opciones. Pero la tecnología les tenía preparada una sorpresa.

Nos da miedo el cambio. Nos han educado para temerle. “Más vale viejo conocido que nuevo por conocer”, dice el dicho. Nos da terror perder porque recomenzar requiere esfuerzo, responsabilidad, creatividad e implica pérdida, y ese dolor nos impide ver la posibilidad de descubrir otras formas. Movernos siempre implica dejar atrás, pero también experimentar y descubrir. La muerte abre otras posibilidades, libera de los miedos y nos enfrenta al cambio. Hoy debemos imaginar cómo enfrentaremos los obstáculos, en lugar de conformarnos con el tratar de entender por qué no sucedió tal como lo esperábamos, porque no hay respuesta. El mundo está en movimiento, la vida y la muerte son ese movimiento.

Quizá la mayor lección de este 2016 es ante la pérdida, la reinvención. Hay mucho por hacer. Tenemos que entender que nada volverá a ser igual, que no podemos estancarnos en querer recuperar, sino que debemos construir un futuro inconforme en que quepan nuevas situaciones, modelos, relaciones y sistemas más generosos. Los que votaron por el Brexit pronto se desengañarán: el Reino Unido no será ese ayer que añoran, ni los votantes de Trump recuperarán esa “América” que nunca conocieron más que en películas de Hollywood, ni en México las cosas volverán a ser como “antes” (un antes melancólico y ficticio con el que sedujeron los del PRI). Por más votox que usemos o tintes que oculten nuestras canas, no volveremos a recuperar eso que fuimos. Hemos perdido muchas cosas, pero no hemos sido capaces de ver lo que viene. El mundo no volverá a ser el mismo, hay que reconstruir tomando en cuenta los errores, pero hay que hacer; aprovechar que, como escribiera Oscar Wilde, “la experiencia es la única cosa que no podemos adquirir por nada”.

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