Más armas, menos eficacia
Según la más reciente “radiografía” en materia de violencia en el país, elaborada con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública SNSP, el decomiso de armas de fuego en México cayó abruptamente en los últimos seis años, frente a ...
Según la más reciente “radiografía” en materia de violencia en el país, elaborada con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), el decomiso de armas de fuego en México cayó abruptamente en los últimos seis años, frente a lo que se había hecho hasta el 2012.
Para nadie es un secreto que si bien las drogas en la región continental “fluyen” de sur a norte, es decir, de países sudamericanos (Colombia) hacia Estados Unidos, pasando por México, que también es productor del mercado estadunidense y canadiense, el tráfico de armas ocurre a la inversa: de Norteamérica hacia el sur, pasando, por supuesto, por nuestro país, en el que se quedan muchísimas de ellas. Dicen los expertos en el tema que cada año 213 mil armas de fuego llegan al país procedentes tan sólo de Estados Unidos.
Solamente el año pasado, México alcanzó —como ya se sabe por cifras del Inegi— su nivel más alto en homicidios de los últimos 20 años, con una tasa de 25 asesinatos por cada 100 mil habitantes. Los investigadores han encontrado que, aunque esos números, en parte, se deben a los altos niveles de impunidad aunados al comportamiento delictivo, el acceso a las armas de fuego también ha sido factor clave en el aumento de la violencia.
Fíjese nada más, estimado lector, la diferencia abismal entre lo que sucedía en 1997 y lo que sucedió el año pasado: hace 21 años, el 15% de los homicidios sucedidos en México fue cometido con armas de fuego; sin embargo, en 2017 ese porcentaje aumentó hasta el ¡66 por ciento!
En el periodo que va de 2015 a 2017, los decomisos de armas cayeron 34.8%, mientras que los homicidios dolosos con un arma de fuego se incrementaron 29.3 por ciento. En el último año de gobierno de Felipe Calderón (2012) y los dos primeros de Peña Nieto (2013-2014), las cifras indicaron la siguiente estadística: por cada asesinato, ocurría el decomiso de 74 armas de fuego. Para los dos años siguientes (2015-2016) la cifra cayó hasta 37%; es decir, por cada homicidio se decomisaban 37.3 armas.
Es notorio el descenso en la eficacia de los operativos para “desarmar” a la población, mientras que las campañas encaminadas a canjear armas de fuego por artículos, ya sea electrónicos (computadoras) o alimentos de la canasta básica, no han sido suficientes para revertir el fenómeno.
Resulta también sintomático que entre los diez estados en donde más decomisos hay figuren los de mayor violencia a nivel nacional: en primer lugar, la Ciudad de México, con siete mil 918 armas en los últimos seis años (2012-2018); seguida de Guerrero, con cuatro mil 780, y Tamaulipas, con tres mil 752.
Otro dato que llama la atención es el siguiente: el año pasado, las carpetas de investigación por homicidio doloso en el país se incrementaron 95%, si las comparamos con 2014; mientras que los aseguramientos de armas, cartuchos, cargadores, explosivos y accesorios, en general se mantuvieron cerca del 60% abajo. Es decir, menos decomisos y más violencia.
La conclusión de los expertos es que la falta de una estrategia para controlar el tráfico de armas, provenientes principalmente de la Unión Americana, ha sido el principal problema que ha enfrentado el gobierno mexicano, lo que lo convierte en el reto principal para abatir la violencia para la próxima administración, que en los próximos tres meses y diez días asumirá el mando del país.
