Trump o la feria de los citatorios
Los últimos quince días han sido un verdadero torbellino en el Congreso de EU. Las comparecencias de Michael Cohen, exabogado de Trump, la primera pública (ante el comité de Vigilancia de la Cámara baja) y las otras dos privadas, han dado pie a un verdadero tsunami de citatorios que ya no dependen del fiscal especial Robert Mueller. Y además de los citatorios emitidos por la Cámara de Representantes, están los que ya han emitido el fiscal del estado de Nueva York y el fiscal del distrito sur de Manhattan, en la ciudad de Nueva York
La diferencia entre lo que ha hecho hasta ahora Mueller y lo que pueden hacer la Cámara baja del Congreso, así como los fiscales del estado de NY y del distrito sur de Manhattan, es que no están constreñidos por las estrictas reglas que rigen el funcionamiento de las fiscalías especiales creadas para investigar acciones del presidente de EU. Mueller tiene un mandato muy específico que no puede desatender, a riesgo de que se cancele la investigación. Mueller no puede, en estricto sentido, investigar otra cosa de Donald Trump que no sean sus nexos con políticos rusos y de Ucrania para probar si hubo o no colusión durante las elecciones de 2016.
En cambio, tanto el congreso como las otras fiscalías ya citadas son libres de realizar el tipo de investigación que prefieran. La fiscalía especial encabezada por Mueller no opera con un marco legal suficientemente claro acerca de los pasos que el fiscal puede seguir una vez que concluya su investigación. Además, en el caso de los allegados a Trump, hay el riesgo de que la fiscalía especial imputara delitos y Trump simplemente los hiciera desaparecer con un indulto. Los otros fiscales, en cambio, no tienen limitaciones y los casos que ellos persiguen no pueden ser indultados por un perdón presidencial.
Y fue ahí, en ese tipo de casos, donde Trump sufrió más durante la comparecencia de Michael Cohen ante el comité de Vigilancia de la Cámara baja. Fue ahí donde la legisladora Alexandria Ocasio Cortez, el nuevo terror del Partido Republicano, hizo una serie de preguntas a Cohen sobre la manera en que Trump devalúa sus propiedades al pagar impuestos, pero las sobrevalúa al contratar seguros. En ambos casos se trata de fraudes que caen dentro de las jurisdicciones del fiscal general del estado de Nueva York y del fiscal del distrito del Sur de Manhattan. Las preguntas de Ocasio fueron tan precisas en la descripción de delitos por parte de Trump y sus allegados, que ya se han emitido citatorios a las personas implicadas por Cohen para que, en próximos días, rindan cuentas.
En la Cámara de Representantes, mientras tanto, se estima que un total de 80 personas y/o corporaciones ha recibido o está en vías de recibir citatorios para explicar aspectos de su relación con Trump, con sus familiares y con sus funcionarios más leales. No hay claridad acerca de qué podría suceder con esas 80 personas, lo que se sabe es que varios podrían haber concursado tanto en la conspiración con los rusos, como en la compleja trama de intereses económicos que pudieron haber beneficiado a Trump y su familia, sobre todo con el dinero del comité para la toma de posesión de Trump, como en la igualmente compleja, trama para obstruir la impartición de justicia.
Con Trump, como con muchos otros personajes, se cumple aquella frase que se acuñó en el contexto de Watergate: “nunca es el crimen; es el encubrimiento del crimen”, pues es el encubrimiento de su torpe proceder, durante la campaña presidencial de 2016, lo que ha terminado por complicar las cosas para el magnate inmobiliario.
Mientras, Trump juega a ser la víctima de “acoso presidencial”, concepto que ha inventado recientemente y con el que trata de presentarse como la víctima de un congreso, ahora dominado por demócratas, que –como lobos hambrientos– tratan de arruinarle la vida y la posibilidad de reelegirse en 2020. Por el momento, Trump tiene a su favor que dos de cada tres estadunidenses, no quieren que inicie aún el impeachment al actual presidente, un equivalente de nuestro desafuero y juicio político.
No es difícil entender por qué. EU ha vivido tres procesos que estuvieron cerca de convertirse en desafueros en los últimos 50 años, uno contra Nixon y dos contra Bill Clinton. Esos procesos desgastan las instituciones y a las personas, sin embargo, todo apunta a que es inevitable que Trump enfrente cargos, y eso es lo que la democracia implica, que nadie, ni siquiera quienes reúnen los cargos de jefe de Estado y de gobierno en una sola persona, puedan actuar de manera impune. Eso es algo que no podemos dejar de ver, desde México, con un dejo de envidia.
Analista
