Mueller cierra el círculo

En los últimos días, el círculo que desde hace poco más de un año dibujó el fiscal especial Robert Mueller sobre el gobierno de Donald Trump se ha venido estrechando más y más. Si hace un mes quedaba claro que el margen de maniobra de Trump se había reducido de manera notable por la manera en que su exabogado personal, Michael Cohen, había preferido llegar a un acuerdo con Mueller, que le evitara enfrentar los gastos de uno o más juicios, lo ocurrido en las últimas semanas con Paul Manafort, expresidente del comité de campaña creado en 2016 para elegir a Trump, ha sido devastador.

A ello contribuyó la publicación del más reciente libro de Bob Woodward, Fear (Miedo), que describe una Casa Blanca para la que no existen paralelos; ni siquiera los que el propio Woodward y Carl Bernstein describieron, a mediados de los setenta, cuando destaparon la cloaca del Watergate. Woodward describe en su libro más reciente, la cortedad de miras que caracteriza a Trump, además de los pesares de la poca gente medianamente cuerda en el entorno del todavía Presidente, para tratar de evitar lo que podría ser o una guerra global o alguna otra tragedia, cuyas consecuencias afectarían a EU y al resto del mundo.

También ha contribuido que Trump ha puesto a la economía de su país en un tobogán que quiere ser presentado como una guerra aduanera que EU podría ganar, pero que —en realidad— sólo ha debilitado a los mercados estadunidenses y globales y amenaza con hacer que la recuperación tan cacareada por el magnate inmobiliario, sea tan fugaz como intrascendente, además de sus ataques contra Jeff Sessions, su procurador que, a pesar de las puyas diarias, no ha frenado la investigación de Mueller.

Lo ocurrido con Manafort es grave, pues la joya de trabajo como fiscal tallada por Mueller ha expuesto los flancos débiles de Manafort, e indirectamente de Trump. En especial, las finanzas personales y la relación de ambos con políticos de Ucrania y Rusia. A Manafort esa relación le costó ser acusado, entre otras cosas, de lavar dinero. Parte del mérito de Mueller es que ha acreditado el delito tanto en el ámbito federal como en por lo menos tres estados, entre los que destaca Nueva York, que tiene una legislación más severa contra el lavado de dinero que la federal.

Eso es importante porque, aun cuando Trump podría correr el riesgo de decretar un perdón a favor de Manafort por los delitos federales, Trump no podría perdonar los delitos que Manafort perpetró, y que Mueller ha documentado ya, en el ámbito de las legislaciones estatales y que podrían implicar penas de hasta 20 años de prisión. Eso explica que, a pesar de los muchos mensajes, directos e indirectos que Trump envió tanto a Cohen, como a Manafort, ninguno quiso correr el riesgo de ser leal al Presidente y prefirieron acogerse a las garantías que ofrecía Mueller.

En noviembre de este año, conoceremos la pena que le será impuesta al exconsejero nacional de seguridad, el general Michael Flynn, quien fue —en diciembre de 2017— uno de los primeros exfuncionarios del gobierno de Trump que fue encontrado culpable de diversos delitos. El más notable, haberles mentido a los agentes del Buró Federal de Investigaciones que, en noviembre de 2017, investigaban sus vínculos con funcionarios del gobierno ruso, en particular con el embajador ante el gobierno de EU, Sergéi Kislyak.

Mentirle al FBI no es poca cosa en EU. La pena más frecuente es cárcel durante cinco años, aunque se espera que —dada la cooperación de Flynn con el FBI— la pena será menor, siempre y cuando continúe cooperando con las investigaciones que Mueller y su equipo, o algún otro fiscal o agente del FBI, pudieran realizar ahora o en el futuro.

Ya hemos dicho en varias ocasiones que, más allá de la maestría con la que Mueller trabaja como fiscal especial, el saber que en EU es posible que un fiscal investigue como lo ha hecho Mueller a Trump, es causa de una profunda envidia. Y es que, sin disparar siquiera una chinampina, sin desatar una guerra que llene de cadáveres las morgues, Mueller tiene contra la pared a uno de los hombres que sería muy poderoso, gracias a los miles de millones que posee.

Eso es más admirable cuando vemos la manera en que México está sumido en una guerra sin sentido, supuestamente para someter al crimen organizado, que ha llevado al espectáculo grotesco de los cadáveres ambulantes en Jalisco. Mucho más, cuando pensamos en la debilidad endémica de la Procuraduría General de la República y las procuradurías locales que, en algunos casos, cambiaron a fiscalías, pero que mantienen la ineptitud de siempre, como lo demostró el caso de Édgar Veytia, exfiscal de Nayarit que EU nos hizo el favor de encarcelar.

Analista

manuelggranados@gmail.com

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