Los arsenales

La semana pasada, varios diarios y portales informativos de México dieron a conocer que la Secretaría de la Defensa Nacional había logrado uno de los más importantes decomisos de armas en los últimos años. Sesenta y nueve armas largas, una de ellas bañada en oro, así como un número no determinado de balas para las armas. Además, varios kilos de distintas drogas y precursores para producir otras drogas fueron decomisados, también ese día, en Nuevo Laredo. Lo más importante de ese operativo es que no hubo muertos ni heridos ni nada parecido

Si el grueso de la información que genera la así llamada guerra contra las drogas o estrategia contra el crimen organizado, o como quiera que se le quiera llamar a la pesadilla que inició en diciembre de 2006, fuera así, nadie en México resentiría los hechos. Todos entenderíamos que hay grupos de personas interesadas en dañar a otros y que las autoridades están haciendo lo necesario para evitar que otras personas pudieran ser dañadas.

Lamentablemente no es así. En enero de este año se registraron dos mil 549 asesinatos; en febrero fueron dos mil 839 y en marzo dos mil 789. La cifra de abril todavía no está disponible, pero es casi un hecho que será de más de dos mil 500 personas asesinadas. Muchos de ellos ocurrieron en enfrentamientos entre bandas criminales, pero otros lo hicieron en cruentos enfrentamientos entre las fuerzas mexicanas del orden y las bandas criminales y, en no pocos casos, quienes fallecieron, fueron víctimas inocentes, “daños colaterales” les llama el discurso de los tecnócratas que, a pesar de la falta de resultados, insisten en defender este enfoque.

El asunto es que el decomiso de esas 69 armas largas en Nuevo Laredo, es más una afortunada excepción que la norma de lo que hace México para controlar al crimen organizado. La razón de ello no es difícil de encontrar. En primer término, las procuradurías o fiscalías, en los estados en los que ya cambiaron de nombre, siguen siendo tan o más ineficientes de lo que eran cuando inició la pesadilla mexicana en diciembre de 2006. Esa debilidad se manifiesta en el hecho que más que desarticular redes de criminales organizados, lo que las autoridades mexicanas hacen casi siempre es reaccionar ante los aspectos más sórdidos, más escandalosos y negativos de las actividades de la delincuencia organizada.

En segundo lugar, a pesar de los esfuerzos para reformar las aduanas, muchos de sus funcionarios siguen siendo tan eficaces como porteros mancos de futbol. Además, así como la Marina-Armada de México no tiene la capacidad para controlar el trasiego de cocaína que sale de costas colombianas a puertos informales del Pacífico mexicano, también —por esa misma ruta— llegan armas y lo que sea que los narcotraficantes mexicanos requieran.

Pero lo más notable es que la liberalización de la venta de armas a México de 2007, lejos de facilitar el combate a los criminales organizados ha coincidido con un aumento en la violencia y con la notable incapacidad de nuestras autoridades para hacer que se cumplan las rígidas leyes mexicanas que, en teoría, prohíben que se vendan o compren armas de grueso calibre.

Ese es uno de los señalamientos en un detallado material sobre las ventas de armas de EU a México publicado a finales de abril en el portal de noticias The Intercept. En él se señala que las armas que EU vende, de manera legal, han terminado en manos de fuerzas de seguridad que no respetan los derechos humanos. Este material, disponible en https://theintercept.com/2018/04/26/mexico-arms-trade-us-gun-sales/, deja ver que entre 2015 y 2017, la venta legal de armas y municiones de EU a México importó 123 millones de dólares. Ese monto es cuatro veces mayor que las ventas de armas de EU a cualquier otra nación de América Latina, y coincide que, con 29 mil víctimas de homicidio, 2017 fue el año más violento en el registro. The Intercept hace ver que hay evidencia de que las armas que EU ha vendido a México en los últimos años quedaron en manos de tropas y policías que han cometido “graves violaciones de derechos humanos o que se han coludido con grupos criminales”.

Y lo más grave es que hay a la vista una nueva liberalización que facilitará todavía más las ventas de armas y municiones desde EU a México, de modo que —lejos de que podamos pensar que lo peor ha pasado— podríamos estar en un momento en que las cosas empeorarán. Ello porque, aunque la información oficial de EU sobre las exportaciones de armas dice que 80 por ciento de las armas vendidas a México se entregan a las fuerzas armadas, la información oficial mexicana dice que la mayoría de las armas que EU vendió a México entre 2010 y 2016 fueron a manos de policías y usuarios privados en México. En ese contexto no hay nada esperanzador en el horizonte.

Analista

manuelggranados@gmail.com

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