La valiente posición de los obispos de EU

Durante el miércoles 13 y el jueves 14 de la semana que hoy concluye, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, la USCCB, como se le conoce por sus siglas en inglés, celebró su asamblea de primavera en Florida. Aunque originalmente no estaba considerado que se abordara el asunto de las políticas de inmigración aplicadas por Donald Trump, a los pocos minutos de que inició la asamblea, quedó claro que una mayoría de obispos, especialmente los de diócesis cercanas a México o los que son obispos en ciudades que suelen ser imanes de la migración, no iban a permitir que la asamblea se desarrollara sin que hubiera pronunciamientos acerca de la crisis que viven cientos de familias separadas por los juicios de deportación.

Y no es sólo la separación. Son las penosas condiciones en las que se les ha obligado a vivir, sobre todo a los niños que, separados de sus familias, no tienen quién los limpie, los vista o los alimente. Si eso no fuera suficientemente malo, también están los niños son obligados a vivir en condiciones similares a los animales. Se les coloca en jaulas que, en otro contexto, podrían ser usadas para retener a perros y nadie los atiende ni los consuela ni nada que se le parezca.

Ya desde el día previo a la asamblea, el presidente de la USCCB, el arzobispo y cardenal de Galveston-Houston, Texas, Daniel DiNardo había publicado en sus redes sociales un breve mensaje, motivado por una nueva decisión del procurador general del gobierno de Trump, Jeff Sessions, por la que se niega la posibilidad de pedir asilo en EU a las mujeres que sufran violencia doméstica o a las personas, varones o mujeres, que sean víctimas de la violencia de las pandillas.

El mensaje de DiNardo señala: “en su forma más elemental, el asilo es un instrumento que permite proteger el derecho a la vida. La reciente decisión del procurador general Jeff Sessions, provoca profunda preocupación, pues potencialmente le quita la posibilidad de pedir asilo a muchas mujeres que carecen de la protección adecuada. Estas mujeres vulnerables enfrentan ahora riesgos extremos al ser forzadas a regresar a sus países de origen. Esta decisión —agregó el cardenal— niega décadas de precedentes que han servido para ofrecer protección a mujeres que huyen de la violencia doméstica. A menos que sea revocada, la decisión debilitará la capacidad del asilo para salvar vidas, especialmente en los casos que involucran a personas que tratan de escapar de actores privados”. El llamado de DiNardo, como los que han hecho otros líderes religiosos, católicos y de otras confesiones en EU, no ha merecido una respuesta ni de Sessions ni, de manera más general, de Trump, que está embelesado ahora con la idea de que le otorguen el premio Nobel de la Paz, por celebrar una cumbre en la que no se eliminó en modo alguno el riesgo de un conflicto entre las dos Coreas.

Fue así que el obispo de San Diego, Robert McElroy, aprovechó el inicio de los trabajos de la asamblea para criticar una vez más a Sessions al señalar que, al actuar como lo hace el gobierno de Trump, EU deja ver que ha perdido su brújula moral al tiempo que “reniega de su historia” como país forjado gracias a la migración. Un poco más tarde, el obispo de Tucson, Arizona, Edward Weisenburger, habló de la necesidad de que la Iglesia en EU castigue a los católicos que diseñan o apliquen las políticas que separen a las familias.

Y, aunque no participa de la asamblea de este año, por encontrarse en Roma, el arzobispo y cardenal de Boston, Sean O’Malley, envió un mensaje en que critica severamente las decisiones del gobierno de EU, que señala: “los individuos y familias arrestados huyen de violencia documentada, del caos y de la muerte en los vecindarios de América Central. EU está ahora, de manera clara ante el mundo, usando a niños como peones para aplicar una política de migración hostil. Esta estrategia es moralmente inaceptable y niega el claro riesgo que enfrentan quienes buscan nuestra ayuda”.

Es difícil anticipar cómo terminará este encontronazo entre los obispos católicos de EU y el gobierno de ese país, pero hay algo claro. A diferencia de lo que ocurre en otros países, donde el compromiso de los obispos con causas justas como la de las personas que buscan refugio no es claro, en EU, los obispos han entendido lo más elemental del Evangelio, es decir, que una fe sin obras es una fe muerta. Por lo pronto, además de los discursos, los obispos de EU crearon una comisión que visitará los lugares donde están arrestados quienes huyen de la violencia y seguramente aprovecharán las visitas que hagan para hacer escuchar, todavía más, su voz.

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