La tierra es plana; el regreso a la Edad Media
En estos días, el diario británico The Guardian publicó en su portal de Youtube un video que da cuenta de un movimiento en Gran Bretaña y Estados Unidos, conformado por mujeres y hombres, que creen que la tierra es plana y tratan de convencer a otros de que no es una esfera como se nos ha dicho desde el Renacimiento, sino una estructura similar a un grueso disco plano, alrededor del cual el Sol y la Luna giran.
No es fácil encontrar las razones que los llamados flatters (del inglés flat, plano) ofrecen de su decisión para desestimar descubrimientos científicos de los últimos 500 años o más. Los desarrollos científicos que le costaron el silencio a Nicolás Copérnico y un juicio ante la Inquisición a Galileo Galilei son los desarrollos científicos de los últimos 60 años, que han permitido, entre otras cosas, los viajes a la Luna y los programas espaciales de Estados Unidos, la antigua Unión Soviética, ahora Rusia, la Unión Europea, Japón y, más recientemente, China.
Los mismos desarrollos científicos que hicieron posible la miniaturización de los transistores, que permitieron que ahora contemos con computadoras que caben en la palma de una mano y que propulsaron el desarrollo de la Internet, entre otras muchas cosas que han sido factibles gracias a que nos hicimos conscientes de la forma esférica de nuestro y otros planetas, tanto en el Sistema Solar, como en la Vía Láctea y en otras galaxias.
Al escuchar lo que dicen los flatters es inevitable pensar en lo que dicen también los llamados anti-vaxers, es decir, las personas que se oponen a que sus hijos sean vacunados, pues consideran que existe una vasta conspiración, que involucra a las empresas farmacéuticas, el gobierno de Estados Unidos, la Organización de las Naciones Unidas y otros actores internacionales, interesados en embrutecer o, al menos, debilitar a los bebés que son vacunados y hacerlos propensos a desarrollar enfermedades como el autismo.
Las mentiras y teorías de conspiración que diseminan los anti-vaxers han sido suficientemente poderosas para que la región noroccidental de EU, los estados de Oregon y Washington, experimente nen estos días un brote de sarampión, una enfermedad que en la década de los ochenta se consideró erradicada, pero que –desde 2014– ha regresado con fuerza a la escena pública estadunidense. Ese año, se reportaron 667 casos en EU; en 2015, 188; 86 el año siguiente; 120 en 2017; 372 en 2018 y, en lo que va de 2019 son ya 79.
Los flatters y los anti-vaxers esgrimen argumentos similares. El más claro de todos, un notable desdén por las posiciones defendidas por las élites; no sólo las élites científicas, las directamente involucradas con la ciencia que nos dice que la Tierra es redonda, como con la ciencia médica detrás de la vacuna contra el sarampión. ¿Por qué rechazan las posiciones defendidas por las élites? Es difícil encontrar un culpable único, pero flatters y anti-vaxers comparten, además del rechazo e incluso encono con las élites, índices muy altos de desconfianza en todas las instituciones, incluidas las educativas. Además, es posible apreciar que algunos de los participantes en este tipo de movimientos se perciben a sí mismos como víctimas o, por lo menos, como relegados o marginados, tanto de los procesos de procuración de justicia, como de acceso al mercado laboral y, de manera más general, de acceso a oportunidades de desarrollo personal o profesional. Se trata, pues, de personas que ocupan los márgenes de sociedades relativamente prósperas y que no se perciben a sí mismas como capaces de superar las barreras que las atan a esas posiciones marginales.
Ante estas realidades, personas que ponen en peligro las vidas de sus hijos y personas que desdeñan el conocimiento científico de los últimos 500 años, es inevitable preguntarse qué nuevas formas tomarán otros posibles movimientos anti-elitarios, tanto en el mundo desarrollado, como en países como México, donde los efectos de la desigualdad son más marcados.
Habrá quien diga que el burocratismo detrás de la Cartilla Nacional de Vacunación, y la manera en que es casi imposible inscribir a un niño o niña a la escuela en México si carece de ese documento es una buena protección, pero sería ingenuo asumir que esas cartillas, como cualquier otro documento en México, no pueden ser obtenidas de manera informal, gracias a la corrupción.
Ha sido notable el que, en estos días, las autoridades sanitarias de EU han evitado demonizar a los padres que rechazan la vacunación de sus hijos. Más bien han tratado de aprovechar la emergencia generada por la epidemia, para tratar de mostrar de manera práctica las ventajas de contar con la vacuna. Por cierto, el vídeo de The Guardian se puede ver en: https://www.youtube.com/watch?v=m4kM5zwxThE.
