La farsa del Brexit
Puede reavivarse uno de los conflictos más sangrientos de las Islas Británicas pues, sin acuerdo, habría que restablecer la frontera entre Irlanda, que forma parte de la UE, e Irlanda del Norte, parte del Reino Unido
En los próximos días, el mundo conocerá el alcance de lo que los estudiosos de la historia del siglo XXI y de la ciencia política conocerán, en el futuro, como una de las más grandes farsas de la historia de Europa. Ello ocurrirá sea que se concrete la salida de Gran Bretaña (GB) de la Unión Europea (UE) sin algún acuerdo o que suceda con el acuerdo que Theresa May ha negociado con la UE y que implica postergar la salida del Reino Unido hasta el 22 de mayo próximo.
Si el Reino Unido sale de la Unión Europea sin acuerdo alguno, ello implicaría monumentales pérdidas económicas para Gran Bretaña. Algunos estimados consideran que el costo podría ser de hasta 12% del Producto Interno Bruto (PIB), pero incluso si fuera sólo la mitad de esa cifra, los costos serían punitivos y lastimarían más a quienes menos tienen.
Además, está la posibilidad de que se reavive uno de los conflictos más sangrientos en la historia de las Islas Británicas, pues, sin acuerdo, sería necesario restablecer la frontera entre la República de Irlanda, que forma parte de la Unión Europea, e Irlanda del norte, que pertenece al Reino Unido.
Los militantes del Ejército Republicano Irlandés (ERI) ya son –en su mayoría– personas mayores de 70 años, pero las fuerzas que dieron vida al ERI siguen vivas.
Theresa May deberá garantizar el mínimo de votos necesarios para aprobar la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea en la próxima semana y deberá hacerlo con una propuesta que sea sustancialmente distinta a las que terminaron en las derrotas que May ha acumulado en Westminster recientemente, de otro modo, el presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, no permitirá una nueva votación de la misma propuesta de salida.
La fecha del 22 de mayo no es arbitraria. Entre el 23 y el 26 de mayo se celebran en toda Europa las elecciones para el Parlamento Europeo.
De no haber una salida sin acuerdo y de no concretarse el acuerdo que Theresa May negoció con la Unión Europea, implicaría que el Reino Unido debería permanecer al menos tres años más en la Unión Europea, en el entendido que la complejidad no ha disminuido, más bien ha aumentado en los últimos meses.
Ello se debe a que son más ahora quienes piden se realice otro referéndum, pues el de 2016 estuvo marcado por las mentiras de Nigel Farage.
Las mentiras para promover el Brexit incluyeron el que GB se ahorraría millones de libras, que se restituirían al Sistema Nacional de Salud. Lo que nunca dijeron es que la UE también transfiere millones de euros a las zonas menos desarrolladas del Reino Unido. Tampoco reconocieron el aporte de los migrantes dispuestos a trabajar en condiciones que los británicos no aceptarían. Mucho menos reconocieron las ventajas que el sistema de salud tiene, gracias a los médicos y enfermeras llegados de Europa. Otra mentira es que GB no padecería cierres de plantas automotrices. Tanto Nissan como BMW ya han anunciado cierres y es muy probable que Honda y otras sigan su ejemplo. Farage dijo en 2016 que el mercado británico era tan suculento, que las armadoras permanecerían en GB a pesar del Brexit.
Por si ello fuera poco, Farage ha sido señalado por el Buró Federal de Investigaciones de Estados Unidos como una “persona de interés” para la investigación que realiza el fiscal especial Robert Mueller, además de que hay creciente evidencia de que Farage y Jacob Rees–Mogg, entre otros promotores del Brexit, se enriquecieron con el Brexit.
Las mentiras de Farage han sido objeto de análisis en medios que coinciden en llamar a reconsiderar la salida, pero la prensa amarillista británica también ha montado una campaña para presentar a May y Bercow, como traidores a GB y a la voluntad de quienes votaron por Brexit.
Es inevitable preguntar si GB debería caer en el precipicio sin importar las consecuencias, gracias a lo que a todas luces fue una farsa electoral para encubrir el racismo que mueve a Farage. Por lo pronto, el Reino Unido podría dejar de serlo pues crece el riesgo de que Escocia e Irlanda del Norte, que votaron contra Brexit 62 y 56 por ciento, respectivamente, traten de separarse, pues albergan a algunas de las regiones que más se beneficiaban por las transferencias de la UE.
Analista
