La economía de los pobres

Los niños dejan la escuela cuando sus maestros les dan a entender que no son suficientemente inteligentes.

Como ya es una tradición, octubre es el mes en el que se dan a conocer los ganadores de los premios Nobel. Este año, mucha de la atención está centrada en el premio de Literatura, pero el de Economía lo ganaron tres personas que merecen tanta o mayor atención y por mejores razones.

A diferencia de lo que ocurría antes, el Nobel de Economía se ha otorgado recientemente a quienes exploran los grandes problemas que aquejan a la humanidad y es en esa tradición que se encuentran los trabajos de Michael Kremer, Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo. El caso de Banerjee y Duflo es especialmente interesante porque recibieron el Nobel por un libro titulado Poor economics. Rethinking poverty and the ways to end it, que —publicado originalmente en 2011— trata de dar cuenta de qué funciona y qué no funciona para combatir la pobreza.

El texto, publicado en español como Repensar la pobreza. Un giro radical en la lucha contra la desigualdad global, revisa gran cantidad de información y lo hace de una manera ligera, amena, que no sigue el formato de la árida discusión académica.

Más bien “engancha” al lector con un estilo claro, que no se limita a los especialistas en economía.

En el inicio, Banerjee y Duflo plantean los supuestos que fundamentan las dos grandes tradiciones de pensamiento en materia de intervenciones para acabar con la pobreza. Por una parte, la que representa Jeffrey Sachs y las agencias multilaterales y los organismos de los gobiernos dedicados a combatir la pobreza.

Por la otra, la que encabeza William Easterly, un escéptico de estas intervenciones.

Los autores evitan tomar partido. Presentan la evidencia que sustenta las posiciones que defienden ambas escuelas, que incluye los casos de Progresa y Oportunidades, dos de los programas que han existido en México, y luego de revisarla presentan cinco lecciones derivadas del análisis.

Estas lecciones son: “Los pobres muchas veces carecen de información fundamental y se creen cosas que no son ciertas. No están muy seguros de las ventajas de vacunar a los niños; piensan que lo que se aprende durante los primeros años de estudios no vale”. La segunda, “sobre los pobres recae la responsabilidad de demasiados aspectos de su vida. Cuanto más rico eres, más decisiones ‘acertadas’ se toman por ti… Si los pobres quieren agua limpia, tienen que depurarla por su cuenta”. La tercera, “hay razones para creer que faltan mercados para los pobres o que, en algunos de ellos, se enfrentan a precios muy desfavorables. Los pobres obtienen un tipo de interés negativo por sus cuentas de ahorro (si es que tienen la suerte de tener una) y pagan intereses desorbitados por los préstamos (si pueden conseguir uno), porque incluso el manejo de pequeñas cantidades conlleva un coste fijo”.

La cuarta, “los países pobres no están condenados al fracaso… programas destinados a ayudar a los pobres que acaban en manos inadecuadas; profesores que enseñan con desgana o que, simplemente, no enseñan; carreteras debilitadas por el robo de materiales que se hunden bajo el peso de camiones sobrecargados... Pero muchos de estos fracasos tienen menos que ver con alguna gran conspiración de las élites para mantener el control sobre la economía que con algún error evitable en el diseño detallado de las políticas y con las ubicuas tres íes: ignorancia, ideología e inercia”.

Finalmente, la quinta, “las expectativas sobre lo que puede o no hacer la gente se convierten demasiado a menudo en profecías autocumplidas. Los niños dejan la escuela cuando sus maestros (y a veces sus padres) les dan a entender que no son lo suficientemente inteligentes para superar los programas… No es fácil cambiar las expectativas, pero tampoco es imposible… Lo que es más importante, el rol de las expectativas explica que el éxito, a menudo, se retroalimenta. Cuando empieza a mejorar una situación, la propia mejora afecta a las creencias y al comportamiento. Ésta es una razón más por la que no siempre hay que tener miedo a dar cosas gratis (incluso dinero) si son necesarias para poner en marcha un círculo virtuoso”.

Ojalá que los responsables de estos asuntos en México lean el texto.

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