El trumpgate

Una de las frases más famosas de Karl Marx es aquella con la que inicia el 18 Brumario de Luis Bonaparte: “La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”, y apenas alcanza a describir lo que vive Estados Unidos en la actualidad gracias a la manera en que se desarrolla, lenta, pero inexorablemente, la farsa que protagoniza el actual inquilino de la Casa Blanca, Donald J. Trump

Como le ocurrió a Richard Nixon, el poder presidencial y todo lo que implica, ha sido atacado por un monumental socavón que amenaza con llevarse todo lo que encuentre a su paso. No ha sido fortuito; es resultado del trabajo que viene realizando desde hace poco más de un año el antiguo director del Buró Federal de Investigaciones, Robert Mueller, quien, lejos de apostarle todo a lo que pudiera haber hecho o no Trump, construyó una implacable estrategia que minó la disciplina del círculo interno de Trump, que hace unos meses lo protegía todavía, para luego centrarse en los actos que involucran a Trump.

Gracias a esa estrategia, Mueller ha logrado condenas en las cortes de Estados Unidos contra 25 rusos, un holandés (el abogado Alex van der Zwaan, quien sirvió como enlace entre la campaña de Trump y personajes de Rusia y Ucrania) y seis estadunidenses (Michael Cohen, Paul Manafort, Rick Gates, George Papadopoulos, Michael Flynn y Richard Pinedo). Los golpes más recientes contra el exabogado de Trump, Michael Cohen y el presidente de la campaña de Trump, Paul Manafort, abren la puerta a que se presenten cargos contra Trump por haber violado las leyes electorales y a que la coalición de republicanos y evangélicos radicales, que hizo el presidente a Trump en 2016, tenga serios problemas para volverlo a presentar como el “candidato de los valores cristianos”.

Parte de las cosas que Cohen aceptó que hacía para Trump y por lo que decidió declararse culpable de ocho cargos de delitos federales, era acallar a las examantes de Trump con dinero, de modo que no perdieran esos votos que fueron clave en estados con bases de blancos, protestantes y evangélicos, enemigos del aborto, pero partidarios de la pena de muerte y la deportación masiva de migrantes inocentes. Los evangélicos no se darán por vencidos. Ellos creen que Trump cumplió al presentar a Brett Kavanaugh como candidato a la Suprema Corte y, que ahora deben apoyar a los candidatos republicanos al Senado para que puedan nombrarlo, cuando la sustitución del ministro Anthony Kennedy ocurra.

Mueller no ha terminado con Paul Manafort. Aunque, al final, el jurado sólo logró veredictos de culpable respecto de ocho de los 18 cargos presentados en el primer juicio, el fiscal especial puede acopiar más evidencia y pedir otro juicio contra Manafort, además de que, a principios de septiembre, tendrá lugar un nuevo juicio por cargos relacionados con el financiamiento y con la intervención de personeros de Vladimir Putin en la campaña de Trump.

Por si fuera poco, el jueves 23, se supo que Mueller había concedido inmunidad a cambio de información a David Pecker y Dylan Howard, directivos del National Enquirer, un medio amarillista de EU, aliado clave de Trump en los últimos años, luego de que confirmaron los pagos a las examantes de Trump. Y, todavía peor, la mañana de ayer, el responsable de las finanzas en las empresas de Trump y contador del actual inquilino de la Casa Blanca, Allen Weisselberg, confirmó a Mueller los dichos de Cohen a cambio de inmunidad.

Mientras esto se resuelve en EU, hay algo que uno como observador de estos hechos desde México no puede perder de vista: la profunda envidia que uno siente, al ver cómo incluso el presidente en funciones es sometido por un fiscal realmente independiente a una investigación profesional y exhaustiva, mientras que sus íntimos, los que le resolvían todo tipo de problemas, incluidos los de amantes, también son sometidos a investigación y prefieren o llegar a acuerdos con Mueller o declararse culpables, ir a prisión y aun así llegar a un acuerdo con el FBI, como en el caso de Cohen, antes que enfrentar un juicio.

Ésa es una de las tareas que siguen pendientes en México. Es cierto, se nos dice que el presidente perderá el fuero y que podrá ser investigado. El problema es que no sólo quienes tienen fuero disfrutan de impunidad. Ahí están los rumores de una inminente liberación que se desataron luego de que la Procuraduría General de la República se retractó de los cargos de delincuencia organizada contra el exgobernador, Javier Duarte.

Por lo pronto, qué bueno por la salud de la democracia estadunidense, que sus instituciones sí funcionan y que no importa qué tanto poder tenga o qué tanto dinero posea Trump, fiscales independientes como Mueller son capaces de hacer lo que hacen… Allá.

Temas:

    X