El inicio

Hoy inicia una nueva administración del gobierno federal. Es un inicio lleno de promesas y dudas. Es un inicio atípico, en la medida que el gobierno entrante fue electo con una mayoría abrumadora en el Congreso de la Unión, que le permitió hacer a un lado al ahora expresidente Enrique Peña Nieto, desde que se instaló la actual legislatura, algo inédito en nuestra historia
 

No estamos ante las puertas del paraíso, pero tampoco estamos a las puertas del infierno. Es el inicio de un gobierno que tendrá buenos y malos momentos. Es el inicio de una experiencia difícil para los partidos Acción Nacional, Revolucionario Institucional y de la Revolución Democrática. Esos partidos fueron reducidos por los electores a su mínima expresión y no queda claro cómo sobrevivirán. Es importante recordar también que este inicio es un momento que un sector importante de la sociedad mexicana ve como reivindicación de lo ocurrido en 2006.

Es un momento que debería servir para unirnos; para superar enconos y divisiones estériles. Ello no implica eliminar el carácter contencioso de la política, pero sí requiere reconocer los límites de la política en sociedades democráticas. Es un inicio que implica aceptar que las victorias y las derrotas en la política son realidades efímeras. Las soluciones que ofrecen son soluciones temporales a problemas temporales. Nadie en su sano juicio las debe ver o plantear como soluciones finales o absolutas.

Sería ingenuo asumir que no hay riesgos por delante para México. Algunos de ellos forman parte de nuestra historia, como las incertidumbres asociadas a la vecindad con Estados Unidos o la desigualdad, que no es algo nuevo, sino que forma parte de nuestra herencia como antigua colonia de España. Hay otras que se han desarrollado en los últimos años, como la violencia asociada a las actividades de distintos grupos de criminales organizados o la corrupción en las altas esferas de gobierno.

En los primeros quince días del gobierno, mucha de la discusión estará centrada en la presentación del “paquete económico”, que incluye los presupuestos de egresos e ingresos y las leyes asociadas. Es difícil que lo que Carlos Urzúa envíe desde la Secretaría de Hacienda no prospere en el Congreso de la Unión, dada la mayoría del Movimiento Regeneración Nacional. Lo que sería útil ahora, es que eso que se envíe sea suficientemente sensato para evitar mayores confrontaciones y que, quienes no estén de acuerdo con lo que se envíe, tengan la suficiente madurez para que las críticas no sean, como ocurre en fechas recientes, desproporcionadas y tremendistas y se acepte que reflejan, en alguna medida, los cambios ocurridos el 1º de julio.

Algunas de esas críticas tienen que ver con que PAN, PRI y PRD todavía no procesan los errores que cometieron en los gobiernos federales y de los estados. Además, es notable que las “autopsias” que los mismos partidos han presentado no vayan al fondo. Sus errores no se limitaron sólo a las coaliciones, son errores que tienen que ver con la manera en que actuaron en el ámbito de sus responsabilidades. Eso explica por qué votar por López Obrador resultó apetecible para personas que no se ven a sí mismos como “de izquierda”.

Esas autopsias, además, están escritas en un lenguaje tan difícil de comprender, que elude cualquier rendición de cuentas. Por ello, sus propias bases las repudian. Ahí está, por ejemplo, la manera en que las muy mermadas bases del PRD rechazan la forma en que, algunos de los ahora exgobernadores de ese partido, eluden cualquier viso de responsabilidad en el resultado de la elección de 2018. Y también está el riesgo de un nuevo cisma en el seno de Acción Nacional.

Si el resultado de la elección fue lo que fue, es necesario aceptar que los electores contaron con abundante información que advertía, con o sin razón, sobre los supuestos riesgos de votar como lo hicieron. Nadie puede decir que José Antonio Meade o Ricardo Anaya no contaron con espacios y tiempos en los medios, además de las simpatías, a veces veladas, a veces manifiestas, de algunos comunicadores.

De igual modo, el resultado de la elección debería mover a quienes tienen el control de la Presidencia, las dos cámaras del Congreso y una mayoría de congresos estatales, a actuar con mayor responsabilidad de la mostrada hasta ahora. Eso ya se evidenció en las discrepancias que hubo entre ellos en casos como las comisiones bancarias, el uso de las cuentas de retiro o la amenaza de Félix Salgado Macedonio de usar la desaparición de poderes en los estados para imponer su voluntad sobre los gobernadores. De otro modo, lo que sigue es una degradación de la vida pública que a nadie conviene y que podría terminar por hacer realidad los pronósticos de mayores conflictos para los próximos seis años.

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