40 años de lo mismo

A finales de agosto, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) publicó un informe que evalúa las políticas diseñadas para hacerle frente a la pobreza, desde que se creó la Coordinación General del Plan Nacional de Zonas Deprimidas y Grupos Marginados (Coplamar) pasando por Programa de Educación, Salud y Alimentación (Progresa), Programa de Desarrollo Humano y Oportunidades (Oportunidades) hasta su más reciente reencarnación como Programa de Inclusión Social (Prospera), además del Programa para el Desarrollo Local (Microrregiones), la Estrategia Integral para el Desarrollo Social y Económico de los Municipios con el Menor Índice de Desarrollo Humano  (Estrategia 100X100), la Cruzada Nacional Contra el Hambre (CNCH) y la Estrategia Nacional de Inclusión (ENI)

La abundancia de programas es directamente proporcional a lo notable del fracaso, pues —a la vuelta de 40 años— los resultados de estos programas son magros. Aunque no hay registros comparables de las dos primeras décadas, en las últimas dos décadas no hay avances sustantivos. Es cierto, programas como Piso Firme han ayudado, pero no logramos avances reales. Se ha reducido, por ejemplo, el número de personas que carecen de piso firme, lo que los hacía extremadamente vulnerables a muchas enfermedades, o quienes carecían de algunos de servicios como el drenaje conectado a una red pública. Sin embargo, cuando se trata de sacar a las personas de la pobreza y darles una vida más cercana a lo que llamamos la “clase media”, la experiencia no es tan positiva, como tampoco lo es para evitar la pauperización de familias que hace 20 o 30 años se contaban entre la “clase media” y ahora sufren para sobrevivir, pues los salarios no son suficientes, como el propio Coneval demuestra con el Índice de la Tendencia Laboral de la Pobreza.

Es notable que en tres de las siete “áreas de oportunidad” que identifica el documento 40 años de estrategias de coordinación interinstitucional para la política de desarrollo en México, disponible en https://www.coneval.org.mx/Evaluacion/IEPSM/Paginas/40-A-estrategias-de-..., uno de los problemas clave sea el uso de información. Esas tres áreas de oportunidad dicen:

“3. No se ha definido la forma en la que será incorporada la información generada en los espacios de participación de actores no públicos.

“4. La mayoría de las estrategias de coordinación han buscado focalizar sus acciones hacia ciertas áreas o población, sin contar con la información necesaria para hacerlo.

“5. Para una efectiva coordinación, se requiere información sobre la contribución de cada una de las partes hacia un objetivo más amplio. Sin embargo, la mayoría de las estrategias analizadas no contó con un sistema de información que permitiera un monitoreo efectivo.”

Las más notables ausencias las señalan áreas de oportunidad 4 y 5. Sorprende cuando se considera que Sedesol exige mucha información a quienes reciben fondos, así como la información que genera el Inegi, además de la que por su cuenta generan Sedesol y otras instituciones públicas. ¿Qué es lo que está fallando?

Buena parte del problema está en que muchas de las estrategias seguidas hasta ahora se contemplan a sí mismas como meros parches. La Cruzada, por ejemplo, insistió en repetir fórmulas que hacen que las personas pobres, en lugar de producir sus propios alimentos los compren, y ahondan sus carencias en lugar de eliminar la dependencia.

Y lo mismo cuando se trata de la política de vivienda, pues el diseño de las ciudades en México contribuye a que las personas pobres se mantengan pobres, ya que gastan mucho en transporte. La mayoría no tiene acceso a los mercados inmobiliarios formales y muchos municipios, sumidos en la debilidad fiscal, continúan “urbanizando” terrenos que, por sus características, tardarán mucho en integrarse a las redes de agua, drenaje, electricidad y transporte. Pero incluso cuando la urbanización corre a través de los mercados formales, como ocurrió en Tecámac, Estado de México, también hay problemas por este tipo de situaciones.

Ahí está la causa de que muchos jóvenes, especialmente mujeres, no puedan estudiar, y ahí está la causa de mucha de la mala calidad de vida de las personas que viven en las márgenes de las zonas metropolitanas del país, incluso cuando llegan a tener pisos firmes y drenaje conectado a la red pública.

Ahora que nos preparamos para la llegada de una nueva administración del gobierno federal, habrá que ver si, por ejemplo, se evitan más asentamientos irregulares en las márgenes de las ciudades, ver si hay una política de vivienda más sensata y si, sobre todo, las nuevas estrategias de combate a la pobreza rompen con la lógica clientelar de tantos años.

Analista

manuelggranados@gmail.com

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