Problemas en los paraísos
En las últimas semanas, la mayoría de los más importantes destinos turísticos de México se ha convertido en blanco de distintos tipos de ataques que los ha convertido, para mal, en verdaderas zonas de desastre. Los Cabos, uno de los destinos más caros y donde se han invertido más recursos públicos y privados para atraer a turistas de Estados Unidos y Canadá, incluso fue identificada por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal, una de las organizaciones civiles mexicanas más serias en su trabajo, como la ciudad más violenta del mundo
Playa del Carmen, Quintana Roo, no sólo ha sido escenario de distintos actos de violencia en el último año. Para colmar el plato de las malas noticias, el Departamento de Estado de EU anunció la noche del siete de marzo que cerrará su Agencia Consular allí, por no existir condiciones que garanticen su operación, al tiempo que lo sumaba a la larga lista de lugares a los que recomienda a sus ciudadanos no ir.
En Cancún, la prensa local informa de la manera en que los hospitales no se dan abasto para atender a las personas víctimas de la ola de violencia que tiene como uno de sus principales objetivos a los taxistas que, a su vez, son ellos mismos generadores de violencia por la manera en que se oponen a que entre a operar en esa ciudad Uber, el servicio de taxi por medio de una aplicación de internet. De manera más específica, un ortopedista entrevistado por la prensa local cancunense da cuenta de la manera cómo en 2016 había uno o dos pacientes heridos por arma de fuego al año. La cifra en 2017 fue ya de entre dos y hasta cuatro al mes, y en 2018 es de diez casos al mes, lo que genera graves problemas para quienes trabajan en el sector salud, así como al sector salud que debe destinar más recursos a atender ese tipo de urgencias.
Acapulco, que fue durante tantos años la joya de la corona, sólo ha logrado conservar actividades como la Convención Nacional Bancaria en la medida que áreas enteras de ese puerto, como la llamada Zona Diamante, se convierten en espacios militarizados, que recuerdan más el aspecto de zonas de guerra, que lo que fueron en alguna época, no muy lejana, las playas mexicanas.
Una de las constantes que explica la decadencia que se observa en estos destinos turísticos, y otros que se han convertido en escenarios de balaceras, secuestros, extorsiones
y ejecuciones, entre otros actos de violencia, como Ixtapa-Zihuatanejo o Puerto Vallarta, son los altos índices de corrupción de los gobiernos locales que, empeñados en negar la realidad, le apuestan a jugar al tonto como estrategia. Hace poco, la cadena
de televisión pública de EU, PBS, por ejemplo, dedicó una serie de reportajes a la situación en algunos de los destinos turísticos de México. Cuando tocó el turno a Acapulco, el responsable de la seguridad pública en esa ciudad de Guerrero, Max Sedano, juró y perjuró frente a las cámaras, no saber de casos de extorsión.
La PBS hizo lo que cualquier periodista profesional haría: contrastó las declaraciones del jefe de policía con las de los antiguos dueños de negocios que han cerrado en los últimos meses, ante la incapacidad de sus propietarios para pagar lo que las bandas criminales exigen como extorsión.
El reportaje sobre Acapulco se puede ver en https://www.pbs.org/video/murder-extortion-and-corruption-tarnish-acapulc....
Decir mentiras, recurrir al viejo truco del “aquí no pasa nada” o insistir en acallar las críticas o la información acerca de lo que no funciona no resuelve nuestros problemas, más bien los agrava. Tampoco ayuda insistir en que los problemas de violencia no tienen relación con la corrupción y la desigualdad que campean en México y que se hacen más evidentes en la operación cotidiana de los ayuntamientos de destinos turísticos. Pensar que se puede promover el desarrollo sustentable violando, por ejemplo, las normas de uso del suelo o de protección ambiental, nos ha convertido en un país en el que son las élites, no los marginales de la sociedad, quienes inducen la corrupción como medio para acrecentar, gracias a distintas formas de corrupción, sus ventajas.
Incluso en destinos turísticos ubicados en ciudades coloniales, una revisión somera de los medios de comunicación locales deja ver cómo los cabildos frecuentemente enfrentan fuertes presiones para expedir más licencias de alcohol y desconocer la experiencia de cientos de ciudades del mundo en las que se imponen límites de edad o de horario para reducir la violencia. Y están, desde luego, los problemas que genera el comercio sexual que florece en los destinos turísticos que, si bien podría ser tolerado en el caso de las personas adultas, se vuelve intolerable cuando involucra a menores de edad.
