Los nuevos riesgos con Trump
La situación en Estados Unidos está muy lejos de mejorar. Además de que no hay avances reales que nos permitan suponer que las cosas con el Tratado de Libre Comercio van camino a mejorar en el futuro inmediato, el Partido Republicano padece un grado de descomposición interno tan elevado que es difícil imaginar que las cosas pudieran mejorar en el corto plazo. No sólo perdieron las dos gubernaturas que estuvieron en disputa en las elecciones del mes pasado, Nueva Jersey y Virginia, perdieron también el control de los congresos locales de esos estados y han perdido cualquier cantidad de elecciones locales.
Como resultado de ello, la elección en Alabama para nombrar al sustituto del actual procurador general, Jeff Sessions, en el Senado de EU se ha convertido en una especie de prueba del ácido del futuro del gobierno de Donald Trump y la estabilidad del país.
No sólo es el asunto del abuso sexual, una de las principales acusaciones lanzadas contra Roy Moore, el exprocurador estatal de justicia que trata de obtener el escaño de Sessions, lo que ha desatado una avalancha de acusaciones contra varias figuras públicas de distinto calibre. El trasfondo de esas acusaciones de acoso sexual es saber si el Partido Republicano será capaz o no de conservar el control del Senado, lo que implica —a su vez—mantener la capacidad para controlar la nominación de ministros de la Suprema Corte de Justicia de ese país.
Ese asunto es muy importante para fundamentalistas seudocristianos como la familia de Jerry Falwell, el dueño de Liberty University y de distintas empresas de comunicación que, obsesionadas con la teología de la prosperidad, limitan la protección de la vida humana a lo que ocurre en el útero, pero se olvidan de las personas una vez que salen del útero de sus madres. De ahí que, con tal de sostener la candidatura de Roy Moore, se hagan comparaciones absurdas entre este personaje y san José, el esposo de la virgen María, o se diga que lo que Moore buscaba en las jovencitas de 15 o 16 años era la pureza que sólo ellas podían ofrecerle, como si eso fuera algo que se debiera admirar.
Esta situación ha convertido a la elección en Alabama en una suerte de parteaguas del futuro del gobierno de Trump que enfrente otros dos problemas. Uno, el más conocido para todos, es el del futuro, todavía incierto para el actual Presidente, de la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre los vínculos de Trump, sus familiares y operadores políticos con agentes del gobierno ruso. El otro es el del futuro de las dos propuestas de reforma fiscal que, a partir de lógicas similares, pero con algunas variaciones de tono, impulsan los republicanos en el Senado y la Casa Blanca como parte de intentos separados para tratar de destruir el sistema de salud creado por Barack Obama, sin que en realidad haya algo que lo sustituya.
En lo que hace al tema de Mueller, la situación es muy difícil para Trump. Ayer, Washington desayunó la noticia de que el general Michael Flynn, luego de negarlo, había aceptado que Trump le había pedido establecer contactos con Rusia sin que, en estricto sentido, estuviera facultado para hacerlo. Aceptar que mintió es una manera de pasar ahora la responsabilidad del cargo principal, el de haber tenido contactos con el gobierno ruso, al equipo de campaña y la familia de Trump. No es difícil imaginar ahora un escenario que eventualmente llevaría al desafuero y juicio político de Trump mismo.
Eso, siendo muy malo, palidece cuando se considera lo que pasaría de aprobarse la reforma fiscal que actualmente se discute en EU. Se trata de una propuesta que tendría efectos cataclísmicos. Tanto así que la agrupación llamada Sojourners, que reúne a laicos y clérigos de distintos credos, inició una campaña en la que difunden por distintas vías los dos mil versículos de la Biblia que llaman a evitar abusos, a proteger a los más débiles, evitar la usura y cualquier forma de abuso. La campaña ya le costó a un grupo de ministros de distintos credos ser encarcelados y podría alentar protestas más activas en todo el país.
EU vive una época difícil. Es incierto saber cuáles podrían ser los efectos que enfrentará México de continuar esta situación que ha convertido a la política en una farsa tóxica. Lo que debería quedarnos claro a los mexicanos es que no podemos apostar todo a tratar de complacer a un vecino que ya antes de Trump era difícil. Esta situación, además, se agrava por nuestra propia inestabilidad que, si no se manifiesta todavía en lo político, es porque se expresa de manera cada vez más evidente en los muy elevados índices de violencia que padecemos, así como en la impunidad galopante que nos convierte en una sociedad cínica.
