El reporte McKinsey de educación 2017
Aunque el país parece obsesionado ya con el inicio formal de las campañas electorales, vale la pena poner la atención en otros temas que, con o sin campaña, siguen presentes en nuestra vida y, en muchos sentidos, son más importantes que quién será el candidato del partido equis o zeta. Por ello, vale la pena ver lo que ha publicado recientemente la consultora internacional McKinsey acerca de la educación a escala global y en América Latina, en particular, como parte de un proyecto que lleva ya varios años en curso para tratar de identificar las mejores prácticas en materia educativa a escala global
El documento, titulado en español Factores que inciden en el desempeño de los estudiantes: perspectivas de América Latina, disponible en https://bit.ly/McKinseyEd2017, resume hallazgos a partir de un análisis de los resultados de la prueba PISA 2015 en los diez países de Latinoamérica que participan de ese ejercicio y se centra en cinco factores clave para explicar el desempeño de los estudiantes que son: las mentalidades o actitudes que influyen en la educación, las prácticas de enseñanza, el uso que se da a la tecnología de la información; el uso del tiempo de instrucción, y las características de la educación inicial.
En lo que hace a las mentalidades o actitudes que influyen en la educación, es la que cuesta menos implantar en las escuelas y salones de clases y podría ser de las más importantes para el desarrollo de quienes estudian. Según McKinsey, la actitud con la que se abordan las tareas podría tener mayor peso en el desempeño que factores como el entorno familiar o el demográfico. La clave estaría en si los estudiantes desarrollan o no actitudes que les permitan calibrar mejor su desempeño. Estas actitudes se pueden resumir en expresiones como “desear ser el o la mejor” o “trabajar hasta que una tarea esté perfecta” y que se pueden encontrar o no en estudiantes de una misma escuela o un salón de clases. McKinsey señala que los niños con una buena motivación logran puntajes de hasta 14 por ciento superiores en PISA Ciencias, por ejemplo. Ello no implica que todo se resuelva con una actitud bien calibrada. Sólo implica reconocer que, además de contar con buenos salones de clase, profesores dedicados y niños bien alimentados, entre otros factores, es bueno que los estudiantes también tengan una mentalidad “bien calibrada” que les ayude a superar, con una mejor actitud, los retos que enfrentan.
Otro hallazgo es que los estudiantes tienen un mejor rendimiento si la educación combina las cátedras tradicionales con un enfoque del trabajo en el salón de clases que aliente a los estudiantes a investigar, a indagar y aprender de sus experiencias. Lograr esa combinación parece fácil, pero implica realizar cambios importantes en la manera en que los niños aprenden, especialmente en las modalidades menos eficaces de educación, como la telesecundaria o el telebachillerato. Cambiar la manera de enseñar generaría mejoras en el desempeño académico de nuestros jóvenes y en el desempeño en PISA del orden de 19 puntos.
Un hallazgo muy importante, sobre todo ahora que se vienen las campañas, es que la tecnología en la educación es más útil al profesor. No tiene sentido desperdiciar miles de millones de pesos en tablets de mala calidad, obsoletas el mismo día que se entregan que, además, no tienen acceso a internet. La clave del uso de la tecnología estaría, más bien, en que esa tecnología facilitara el trabajo de los profesores, aunque el reporte también reconoce que los estudiantes de familias más ricas, que tienen acceso al uso de tecnologías a más temprana edad, tienen ventajas importantes. La clave es que la preocupación de las escuelas tendría que centrarse en garantizar que el profesor tenga acceso a la tecnología.
El penúltimo hallazgo es que una jornada escolar de hasta siete horas, es mejor para los estudiantes, en el entendido de que para que una jornada de esa extensión funcione, se necesita alimentar a los estudiantes en las escuelas, además de acabar ya con la condena que es asistir a turnos vespertinos. Ello implica mejorar la infraestructura educativa del país, algo que no se ha cumplido.
Finalmente, McKinsey habla de los beneficios de la educación inicial, un ámbito en el que se requiere mucho trabajo en México, porque muchas de las guarderías que existen en nuestro país operan en condiciones de terrible fragilidad, como lo demostró el caso de la Guardería ABC, o están en manos de partidos políticos, como lo acredita la lamentable historia de la organización Tierra y Libertad del Partido del Trabajo, y la manera en que dinero que debería dedicarse a la educación inicial de los niños, acaba en manos de organizaciones políticas.
