El remedio a nuestra fragilidad
La semana que hoy concluye podría pasar a la historia como el principio del fin de la administración de Donald J. Trump. Los procesos contra Paul Manafort y George Papadopoulos, dos de los muchos involucrados en la tumultuosa campaña electoral de Trump entre 2015 y 2016, todavía no permiten establecer alguna responsabilidad directa del ahora Presidente de Estados Unidos con el gobierno u organizaciones de Rusia, pero dejan ver varias cosas
La primera: los países con instituciones sólidas pueden correr el riesgo de elegir a un bufón para un cargo público. Los excesos verbales, la prevaricación y el dispendio que caracterizan a la presidencia de Trump no han dañado los fundamentales de la procuración de justicia en ese país. Un fiscal independiente, experimentado, capaz y serio como Robert Mueller, encontró los primeros hilos de una madeja compleja y sucia y empezó a tirar de ellos y, para hacerlo, ha contado con el respaldo de instituciones de gobierno que sí funcionan y lo hacen con relativa rapidez.
La segunda: cuando la procuración de justicia es seria, no importa qué tan poderoso sea tal o cual político, es posible dar con la verdad. Mueller fue en algún momento de su vida director general de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) y actuó siempre al margen de intereses partidistas, hombre serio, sí los hay, nunca se dejó seducir por la luz de los reflectores. Ahora, cuando regresó al servicio público para cumplir una tarea inevitablemente ingrata, la seriedad con la que se condujo en el FBI es su principal activo.
La tercera: esto todavía no acaba. Manafort y Papadopoulos fueron arrestados por ser los eslabones más débiles de las cadenas que vinculan a Trump con Putin, pero el objetivo es hacer que hablen, que canten, de modo que se tengan más detalles acerca del alcance de los vínculos entre Trump y Putin. Esos vínculos también se están documentando gracias a que los directivos de las grandes empresas de las redes sociales han aportado evidencia acerca de la manera en que durante la elección de EU y antes, con la llamada Brexit y después con las elecciones en Francia y Alemania de este año, ocurrieron despliegues de noticias falsas y comentarios vitriólicos cuyo propósito es despertar las más bajas pasiones de las personas. Sus miedos más profundos a los extranjeros, a los que piensan o rezan distinto, a quienes tienen un color de piel más oscuro.
Estos tres hechos deberían ser más importantes a la luz de la fragilidad con la que, del 17 al 21 de noviembre, enfrentaremos la absurda renegociación del Tratado de Libre Comercio. Absurda no porque lo pactado en los noventa sea perfecto. Absurda porque es una negociación de mala fe, en la que somos puestos contra la pared por la administración de Trump, que busca imponer algún tipo de castigo a México por razones que sólo él sabe.
Debemos comprender, en primer lugar, que los constantes escándalos de corrupción, los bajos salarios y, sobre todo, la virtual inexistencia de derechos laborales en México, no nos ayudan. Nos debilitan mucho en contextos como el que enfrentamos ahora mismo, pues nuestro país se convierte en presa fácil de ataques en los medios de EU y, sobre todo, en las redes sociales.
En segundo lugar, sería útil reconocer ya qué tan importante es contar con un sistema de procuración de justicia que no opere a partir de caprichos, que sea capaz de emprender tareas como la que desahoga ahora Mueller para esclarecer qué pasó en la elección de 2016 en EU.
En tercer lugar, debería ofrecer al Instituto Nacional Electoral lo necesario para tomarse en serio, ahora sí, la necesidad de ser más estricto en lo que hace y lo que permite que pase por publicidad y propaganda en México. Esto es especialmente grave porque el lunes de esta semana se dieron a conocer algunos detalles sobre la manera en que Cambridge Analytica, la empresa que apoyó a Nigel Farage y Boris Johnson en la Brexit, recluta personal en México para incidir en las elecciones en estados como Chiapas. Esa entidad es especialmente grave, porque hace mucho que los odios, el miedo y los prejuicios de raza, idioma y religión se usan para influir en el resultado de las elecciones. La presencia de Cambridge Analytica debería hacer sonar todas las alarmas acerca del potencial uso de argumentos racistas contra indígenas chiapanecos, personas de origen chino u oriental o centroamericano en un lugar en el que crece todos los días el conflicto entre el PRI y el Verde Ecologista.
Imitemos de EU lo bueno: el desempeño de sus instituciones de justicia, la pulcritud con la que ha procedido Mueller, no sólo ahora, sino durante toda su carrera en el FBI, sólo así evitaremos la sensación de fragilidad que nos asfixia de cara al futuro del TLC.
