El drama del Metrobús
La Ciudad de México es un caos. Eso lo sabemos todos. Los diagnósticos acerca de las causas abundan e incluso hay un buen número de propuestas para resolver esos problemas. Uno de los más graves es la manera en que los habitantes de la ciudad nos desplazamos de la casa al empleo o de la casa a la escuela.
Hace muchos años sabemos que la ciudad carece de un servicio de transporte público eficiente. Y no es sólo el antiguo Distrito Federal. La situación es peor en el Estado de México por la manera tan irresponsable en que esa entidad se urbanizó y la forma, aún más irresponsable, en que se han trazado las rutas del transporte público que, lejos de privilegiar la seguridad de sus pasajeros, le apuestan a hacer recorridos tortuosos, que elevan el riesgo de que los pasajeros sean asaltados, vejados y, en el caso de las mujeres y niñas, violadas e incluso asesinadas, como ocurrió recientemente a una niña de once años en una pesera del municipio de Nezahualcóyotl.
El Metrobús no es una solución perfecta. Sería preferible contar con más líneas de Metro, pero cuando se compara cuánto cuesta construir un kilómetro de Metro contra un kilómetro de Metrobús, y se considera el estado de las finanzas de la capital de la República, es difícil esperar que podamos construir todas las líneas del Metro que necesitamos.
No sólo eso. El Tren de Observatorio a Toluca que ahora se construye tiene un error básico de diseño. Ese mismo tren hubiera podido llegar a Chapultepec y de esa manera se hubiera podido desahogar mucho del tráfico que asfixia tanto a Constituyentes, como a Reforma Lomas y Reforma Palmas. Las razones por las que el gobierno federal optó por no llevar la obra hasta Chapultepec son opacas y serán motivo de análisis durante muchos años.
El gobierno de la Ciudad de México, que no se distingue ni por su eficacia ni por su competencia en temas urbanos, como lo acreditan proyectos descabellados como lo fueron el llamado Shopultepec y la Rueda de la Fortuna Gigante, que esperaban clavar en el corazón del Bosque de Chapultepec, tuvo —a pesar de todo— una buena intuición al reconocer la necesidad de ofrecer una alternativa de transporte a quienes viajan desde el norte de la Ciudad de México hasta el poniente, de la delegación Gustavo A. Madero a la de Cuajimalpa. El número de personas que hacen ese recorrido no son pocas. Baste señalar que la Universidad Iberoamericana sostiene un servicio de transporte para sus estudiantes, profesores y empleados, el llamado Iberobús, que sale de la colonia Lindavista, en la Gustavo A. Madero, y los lleva hasta el campus Santa Fe de esa institución.
La opción por la que el Gobierno de la Ciudad de México se decantó fue la del BRT, el Bus Rapid Transit o Metrobús, como se le conoce en distintas ciudades de América Latina que, a pesar de sus limitaciones, ha demostrado ser muy eficaz para reducir las emisiones contaminantes y sacar peseras y microbuses de circulación. Tristemente, el proyecto para construir la Línea 7 del Metrobús está plagado de errores que fueron aprovechados para iniciar un litigio que amenaza con sabotear la construcción de esa línea.
Es una pena que así sea, porque la experiencia del Metrobús, por ejemplo, en avenida Insurgentes es auspiciosa. Un viaje de Indios Verdes a San Ángel, que en auto privado o taxi podría requerir entre 60 y hasta 90 minutos, se puede hacer en hora pico en menos de 50 minutos. No está claro cuál podría ser el tiempo para un viaje de Indios Verdes a Santa Fe por la Línea 7, pero la ventaja del Metrobús es que, al contar con un carril exclusivo, el recorrido es mucho muy rápido.
Por ello resulta tan difícil entender por qué tanta gente que dice apoyar causas populares se opone a una solución que, sin ser perfecta (ninguna la es), ofrece ventajas. Es cierto, hay dudas acerca de la pertinencia de algunas decisiones del gobierno. El abuso con la publicidad en las estaciones es una de ellas. La idea absurda de cobrar el doble o el triple de la tarifa que se cobra actualmente en las otras rutas también. Incluso decisiones torpes como la tala agresiva que se perpetró sobre Calzada de los Misterios. Pero cualquiera de esos problemas puede resolverse sin necesidad de bloquear de plano la construcción alegando la supuesta protección del patrimonio cultural en Paseo de la Reforma.
Lo importante es que empecemos a avanzar en la solución de un problema fundamental de la Ciudad de México, que es el de la movilidad. La línea 7 del Metrobús, con todas sus limitaciones, es un paso en el camino correcto. No caigamos en fundamentalismos que nos impiden ver las ventajas de soluciones probadas no sólo en México, sino en otras ciudades de América Latina, como Buenos Aires o Bogotá.
