Historias de Buenos Aires

Cada año, por estos días, 
la Universidad Católica 
de Argentina (UCA) publica algunos productos del Observatorio de la Deuda Social de aquel país. El Observatorio es uno de los legados tangibles y de mayor impacto del modelo pastoral del antiguo arzobispo Jorge Mario Bergoglio. La historia del Observatorio 
y sus productos son relevantes 
por muchas razones para Argentina 
y el resto de América Latina.
 

Hace justo diez años, cuando Argentina era gobernada por el difunto Néstor Kirchner, la economía de aquel país empezó a exhibir signos de sobrecalentamiento. La inflación crecía sin que el entonces Presidente tuviera la capacidad para contenerla. Lejos de reconocer el papel lamentable que su gobierno tenía en el sobrecalentamiento de la economía, Kirchner operó al estilo de los nacionalismos de 1940, el del peronismo: intervino a la entidad pública responsable de medir la inflación entre otros muchos indicadores, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, el equivalente argentino de nuestro Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

La intervención del INDEC trató de ser, al inicio, con mano de hierro cubierta en un guante de seda. Cuando los técnicos del INDEC empezaron a expresar rechazos, don Néstor sacó —como dicen en Argentina— “al pequeño gil que llevaba adentro”. La historia es tortuosa, menos cruenta que cualquiera de los muchos golpes de Estado que Argentina vivió en el siglo XX, pero tan autoritaria, absurda y, en última instancia destructora, como los golpes de Estado.

Quien tenga interés en conocer algunos de los detalles más sórdidos de la manera en que los Kirchner operaron esa intervención del INDEC puede leer el texto de Gustavo Noriega INDEC: historia íntima de una estafa, que publicó en 2010 la editorial Sudamericana. Noriega narra la manera en que se instrumentó por decreto la contención del índice de precios al consumidor, el que mide la inflación: en lugar de medir los precios reales, a los que accede el consumidor en cualquier tienda, “medían” los “precios tope”, es decir, los precios que teóricamente Kirchner había negociado con las centrales empresariales y obreras de Argentina, pero que en realidad pocos comercios respetaban. Los técnicos de INDEC, conscientes del daño que ello hacía a la economía y a la credibilidad en las instituciones públicas de su país, empezaron a expresar de diversas maneras su indisposición a trabajar como se los ordenaban desde la Casa Rosada. Al poco tiempo, muchos de ellos encontraron imposible realizar su trabajo y renunciaron a sus cargos.

Es ahí donde aparece Bergoglio, quien ya para ese entonces había tenido varios enfrentamientos con los Kirchner, en el contexto de los Te Deum que se celebran los días 25 de mayo de cada año, con motivo de la Independencia de aquel país. Por costumbre, el Presidente acudía a la catedral metropolitana a participar de un ritual acartonado y sin mayor relevancia, hasta que en 2004 Bergoglio aprovechó la ocasión para hacer una reflexión muy amplia acerca de los problemas que vivía Argentina. Como resultado, en 2005 Néstor Kirchner decidió no asistir al Te Deum en la catedral de Buenos Aires.

El otro resultado de ello fue que, cuando en 2007 estalló el conflicto en el INDEC, Bergoglio era un referente de los técnicos de esa institución y lejos de quedarse callado ante la gravedad de lo que ocurría en la institución pública, les ofreció el espacio de la UCA para que, desde el Observatorio de la Deuda Social, midieran qué pasaba en materia de inflación, pobreza y otros problemas como los efectos devastadores del consumo del llamado paco, una forma adulterada de la cocaína, que asuela al Gran Buenos Aires desde finales de los noventa.

Diez años después, el Observatorio de la Deuda Social de la UCA (https://bit.ly/ODSUCA2017) es uno de los referentes de la vida pública argentina y ejemplo de lo que la Iglesia puede hacer cuando va más allá de bendecir los excesos de las élites. La próxima semana, por ejemplo, publicará un documento muy ambicioso que mide la pobreza entre las personas ancianas. ¡Hace tanta falta algo similar en México!

Sería bueno que los mexicanos nos viéramos en el ejemplo de lo que fue la intervención del INDEC argentino. Ya son dos golpes brutales perpetrados contra la credibilidad del Inegi y no sería difícil que ocurrieran otros que hicieran de la institución radicada en Aguascalientes un elefante blanco. No sólo eso, además de los intentos de maquillar la cifra de pobreza, en México hay evidencia en varios estados de las maneras en que los gobernadores han maquillado las cifras de homicidios, como ya lo ha documentado la asociación civil México Evalúa (https://bit.ly/MxEvVictimasCuentan2017). La democracia y la más elemental ética social lo exigen.

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