La legalización

Estos últimos días del año han sido especialmente interesantes para quienes siguen los debates y cambios en las leyes de control 
del tráfico de drogas. 
 

Tanto en México, como en Canadá y al menos un estado de la Unión Americana, Massachusetts, se promovieron cambios en las leyes que regulan el consumo de drogas.

En el caso de México, contra todos los pronósticos, la mayoría de los senadores decidió aprobar un dictamen que permite que las personas que cuenten con el aval de un médico, puedan consumir mariguana para aliviar sus padecimientos o mejorar su condición. No es, en modo alguno, lo que sería necesario. Sigue presente el riesgo, por ejemplo, de que el reglamento de la ley castigue a quienes tengan una o varias plantas de mariguana o ver si no se le ocurre a alguien, a quien sea, que la mariguana que se produce en México no es suficientemente buena para ese tipo de consumo y que, en lugar de comprarla aquí, se tiene que comprar a algún laboratorio que la haya procesado en forma de aceite, tabletas o algo así.

Parte de la razón por la que esta aprobación fue sorpresiva tiene que ver con el hecho de que, más allá de las preferencias de unos u otros, en México hay un notable rechazo a la legalización de drogas, incluso las que —como la mariguana y sus derivados— está demostrado científicamente que son menos dañinas que el alcohol. Las razones del rechazo son complejas, tienen que ver con la desconfianza en la capacidad del gobierno para regular ese mercado y tienen que ver, también, con el temor a que ocurra un efecto dominó, de modo que primero sea la mariguana y luego cualquier droga, sin importar qué tan destructiva pueda ser para sus consumidores.

De poco han servido los esfuerzos de personas que están a favor de la legalización no sólo del consumo con fines médicos, también del consumo lúdico o recreativo. Esos temores no existen sólo en México. Al dar a conocer los resultados de un panel de política pública, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, dejó ver el cuidado con el que el tema se aborda en la nación del maple. La producción y distribución de la cannabis, incluidos los consumos con fines lúdicos, estará severamente controlada por el gobierno federal canadiense, pagará altas tasas de impuestos y no podrá, por ejemplo, hacerse propaganda o promoción comercial en medios de comunicación, ni siquiera como lo hacen otros productos tan o más dañinos para la salud como el alcohol o el tabaco.

El anuncio hecho el martes 13 en Montreal deja ver —por una parte— el respeto de Trudeau y el comité que él creó al formular recomendaciones que no ofendan las sensibilidades de las familias canadienses, preocupadas porque sus hijos pudieran llegar a consumir ese producto. Eso es más importante cuando se considera que en Canadá el consumo médico de mariguana es legal desde 2002 y ha sido tan exitoso que existen al menos 36 empresas dedicadas a la producción de la cannabis.

En Massachusetts, el corazón de la antigua Nueva Inglaterra puritana que en 1911 aprobó severas leyes para prohibir la mariguana, este jueves 15 culminó un ciclo que se inició en 2008 con la despenalización de la posesión de hasta 28 gramos (una onza) de mariguana, a la que le siguió la aceptación de su uso médico en 2012. El cambio ocurrido en Massachusetts, similar al que ocurrirá muy pronto también en California, Maine y Nevada, no acabó esta semana. Al aceptar los resultados del referendo celebrado al mismo tiempo que la elección presidencial de noviembre de este año, se inició otro proceso que culminará en 2018 con la creación de un mercado legal en el ámbito local, aunque aún ilegal en el ámbito federal, que despenaliza la posesión, producción y consumo para cualquier persona mayor de 21 años, pero también establece severas penas a quienes ofrezcan el producto a menores de edad, así como a quienes consuman en espacios públicos o a quienes conduzcan vehículos mientras estén bajo los efectos de la mariguana, aunque esas penas no son más severas que las que existen para quienes conducen vehículos bajo los efectos del alcohol.

Los cambios ocurridos en Canadá y Massachusetts (entre otros estados de EU) hablan de la necesidad de promover una discusión más seria tanto del consumo de la mariguana como de otros productos que tienen efectos sobre la conducta y sobre la salud. Insistir en la lógica de la represión policiaca-militar nos ha llevado a un callejón sin salida. Sería tiempo ya de cambiar. La legalización del consumo, incluso con fines lúdicos, no tiene por qué ser la antesala del infierno. Necesitamos enfocarnos en lo importante: mejora de los sistemas de salud, campañas de prevención y educación, no en la multiplicación de las cárceles y la violencia que paradójicamente no resuelve nada.

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