Pobres que producen sus propios alimentos

De Chiapas generalmente se habla de la marginación de los indígenas en Los Altos, de la hermosa geografía o de las artesanías. Pocas veces se menciona que hay otras zonas como la CostaIstmo que están igual o peor de marginadas, y que son invisibles. El Vergel, por ...

De Chiapas generalmente se habla de la marginación de los indígenas en Los Altos, de la hermosa geografía o de las artesanías. Pocas veces se menciona que hay otras zonas como la Costa-Istmo que están igual o peor de marginadas, y que son invisibles.

El Vergel, por ejemplo, es una comunidad que se encuentra a tres horas de Pijijiapan, Chiapas. Para llegar allá hay que recorrer más de 30 kilómetros de terracería con peligrosas pendientes, que en épocas de lluvia son intransitables.

Los poco más de 600 habitantes son campesinos a los que les falta todo. No hay tiendas ni papelerías ni servicio médico ni biblioteca ni internet. Cuentan con una modesta primaria. Viven aislados y salir de su comunidad es costoso y tardado. Muchos jóvenes emigran, lo hacen en medio de la violencia atribuida al fenómeno de la migración centroamericana. Es una zona insegura por bandas de polleros,  tratantes de blancas, pandillas y retenes militares.

La gente de El Vergel quiere salir adelante, progresar, superar la pobreza. Por eso, iniciaron un proceso de organización y capacitación a iniciativa de CENADIN, una asociación civil que promueve el desarrollo social y acompaña a grupos marginados para que se vuelvan protagonistas de su desarrollo.

El comisariado ejidal Arcángel Morales Roblero encabeza un proyecto que tiene como objetivo la producción de hongos comestibles en cuatro microinvernaderos con riego tecnificado, cosecha de agua de lluvia y energía solar. Cada invernadero tiene 30 metros cuadrados y se pueden producir 300 kilogramos de setas cada 40 días. ¡mil 200 kilogramos de setas que nutren mucho más que la carne y la leche!

“No fue fácil empezar”, dice Juanita Martínez Montoya, una líder social de Pijijiapan que anima a comunidades como El Vergel para que progresen y no se resignen pasivamente a su suerte. “Esta gente se volvió desconfiada porque muchos políticos les hacen promesas que luego no cumplen, así que lo primero fue ganarse la confianza. Había mucho escepticismo, dudas, pero cuando llegaron los materiales de los invernaderos la gente creyó en el proyecto”.

Subir los materiales hasta la sierra para instalar los invernaderos fue una tarea titánica. El camión se atascó varias veces en el camino. Llegó un momento en el que contrataron camionetas más pequeñas para subir los equipos. Y en el último tramo, la gente de la comunidad tuvo que cargar las cosas en sus espaldas.

La pequeña oficina del comisariado ejidal se convirtió en bodega y centro de capacitación. Más de 60 jefas de familia aprendieron a cultivar hongos y a usar los invernaderos. Además, se les enseñó a cocinar los hongos de manera que también sean sabrosos.

Lo que sigue en el proyecto es producir miel de abeja, sembrar árboles frutales, instalar estanques para cría de peces, instalar una potabilizadora de agua… La gente está muy entusiasmada y en medio de su pobreza y aislamiento lo ve como una esperanza.

Para Aminta, una de las mujeres que ya trabaja en los invernaderos, este proyecto representa una oportunidad para superar la desnutrición de sus hijos, pues en pocas ocasiones comen bien: “Pocas veces comemos carne, y cuando nos llega algo de pescado, lo tenemos que comer caro y en mal estado porque con el calor del camino se hecha a perder”.

Si una asociación civil como CENADIN pudo dar este pequeño paso, ¡cuánto avanzarían si el gobierno estatal, Sedesol o Sagarpa reforzaran este proyecto! Ojalá que así sea para bien de esta comunidad olvidada.

                *Analista

                manuelggranados@gmail.com

Temas:

    X