El camino que sí funciona
Nadie puede construir un futuro bajo amenaza, y enfrentar este delito con decisión es devolver la esperanza a millones de personas.
Mi visión sobre la seguridad siempre ha sido clara: sin confianza no hay tranquilidad, y sin ésta no hay futuro. La seguridad no se mide sólo en estadísticas, sino en la capacidad de una sociedad para vivir sin miedo, para invertir, educar y convivir con certeza. A lo largo de mi trayectoria, he comprobado que la clave está en combinar profesionalización, inteligencia, tecnología y empatía. Ese es el camino que he impulsado en cada espacio en el que he tenido la oportunidad de servir: construir seguridad como un derecho tangible para todos, haciendo del fortalecimiento institucional y de la cultura ciudadana los pilares de un verdadero cambio.
La más reciente Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública lo confirma: para alcanzar la tranquilidad se requieren instituciones sólidas, profesionales, transparentes y cercanas a la gente. El compromiso de homologar academias, profesionalizar policías y fortalecer ministerios públicos va en la ruta correcta. Cuando tuve la oportunidad de dirigir y transformar instituciones, comprobé que sí es posible elevar la confianza ciudadana cuando el personal está certificado, capacitado y orgulloso de portar el uniforme.
Otro de los grandes ejes aprobados es el fortalecimiento de la inteligencia y la investigación. La mejor seguridad es la prevención. No se trata de reaccionar cuando el delito ya ocurrió, sino de anticiparse, leer las señales, entender el entorno y actuar con estrategia. La tecnología es fundamental, pero más ponerla al servicio de la ciudadanía.
El delito de la extorsión, tan doloroso y corrosivo para la vida cotidiana, ahora contará con un marco legal nacional y fiscalías especializadas. Este es un punto que coincide con mi visión: la seguridad debe proteger el bolsillo, la dignidad y la tranquilidad de las familias y los emprendedores. Nadie puede construir un futuro bajo amenaza, y enfrentar este delito con decisión es devolver la esperanza a millones de personas.
Quizás uno de los compromisos más sensibles es la búsqueda de personas desaparecidas. Como ciudadano, siempre he creído que cada persona cuenta, que detrás de cada nombre hay una historia, una familia y un derecho inquebrantable a la verdad y a la justicia. Por eso celebro que se fortalezcan fiscalías especializadas, bancos de datos forenses y protocolos homologados. La seguridad también es empatía: acompañar a las familias en lo jurídico y en lo emocional.
Otro aspecto crucial es la armonización normativa. No puede haber 32 formas de entender la seguridad. La confianza se logra cuando el ciudadano sabe que, viva donde viva, la ley se aplica de manera justa, clara y efectiva. La seguridad no puede depender de la suerte ni del código postal: debe ser un derecho garantizado.
Todos estos acuerdos son un paso adelante. Pero el verdadero cambio no está en el papel, sino en la voluntad y la capacidad de llevarlos a la práctica. Mi experiencia demuestra que sí es posible cumplir metas ambiciosas: incrementar cinco veces el reclutamiento, certificar al 100% del personal operativo, multiplicar la protección de inmuebles estratégicos, lograr paridad de género y alcanzar estándares internacionales de calidad. No hablo en teoría, hablo de realidades.
El objetivo debe de ser construir confianza con legitimidad, eficacia y eficiencia, las 24 horas del día y los 365 días del año. La seguridad no es un asunto exclusivo de gobiernos o policías; es una tarea de todos. Autoridades, empresarios, académicos y sociedad civil debemos trabajar juntos para pasar de la protesta a la propuesta, y a la acción cuando es necesario.
El país necesita seguridad con visión, estrategia y humanidad. Necesitamos líderes que comprendan que la verdadera fuerza no está en la imposición, sino en la confianza que generan. La seguridad se logra con orden, pero también con cercanía, con tecnología, pero también con valores. Con leyes firmes, pero también con empatía.
Ese es el camino que conozco, el que he practicado y el que seguiré defendiendo. Porque la tranquilidad de la sociedad no es un sueño imposible, es un derecho alcanzable cuando se combina experiencia, voluntad, visión, capacidad y compromiso.
Hacer el bien, haciéndolo bien. Y siempre con la máxima y métrica de que lo que no se mide, no se mejora.
