Contenido inasumible

¿Por qué esos libros se elaboraron en la clandestinidad? No hay otra explicación: para eludirlos cuestionamientos, las críticas, la participación plural de expertos y de profesoras y profesores fuera del círculo elegido por el inefable Marx Arriaga, quien seguramente se auxilióde pedagogos que comparten su inepcia, su fanatismo, su aversión a la libertad individual...

Los niños y los adolescentes han vuelto a clases. En algunos estados, acatando resoluciones judiciales, no se han repartido los libros de texto. En el resto del país serán los profesores en cada aula quienes decidan si ese material se utiliza. Es una opción que tiene cada profesora, cada profesor: no echar mano de esos libros, sino de otras fuentes. Por supuesto, en ese caso sería mucho más difícil la impartición de las clases, pues los libros de texto son un auxiliar pedagógico muy importante, pero si su contenido es inasumible, resultará mejor, mucho mejor, prescindir de ellos. No podrá haber un inspector en cada salón de clases que supervise si los nuevos libros se están usando.

Asimismo, los profesores de enseñanza media pueden ignorar Un libro sin recetas para la maestra y el maestro, guía para maestros de secundaria, igualmente infumable, en el que, entre otras aberraciones, se enaltecen el secuestro y el asesinato como medios de lucha política. Los maestros que así procedan estarán realizando una conducta de rebeldía legítima contra las autoridades de la Secretaría de Educación Pública (SEP), el sumiso Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y el mismísimo Presidente de la República. Los docentes se estarían sumando a la resistencia de quienes se han pronunciado y quienes se han amparado contra la distribución de esos textos.

Seguramente el Presidente no imaginó que se generaría una resistencia tan extendida e intensa, tan razonada, tan argumentada, a la bazofia que se elaboró clandestinamente en la Dirección General de Materiales Educativos de la SEP. El respaldo del SNTE no es sino una muestra más de la actitud servil del sindicato hacia el oficialismo. Es una postura convenenciera que se desentiende del interés de los niños y los adolescentes y, por supuesto, no necesariamente refleja la opinión de todos los profesores de educación básica.

Los textos anteriores, muy superiores en todos sentidos a los nuevos, han sido vilipendiados por el Presidente y el titular de Materiales Educativos solamente con adjetivos calificativos —los favoritos del titular del Poder Ejecutivo, los consabidos lugares comunes de las mañaneras—, sin tomarse la molestia de especificar qué partes de esos textos consideran inaceptables y los porqués de sus objeciones.

En cambio, los críticos de los nuevos textos han señalado, identificándolos con precisión, sus numerosos errores, así como la carga de adoctrinamiento, el despropósito de suprimir asignaturas tan importantes como Matemáticas, Lengua Española, Física, Biología, Formación Cívica y Ética, Historia y Geografía; han descubierto párrafos copiados, letra por letra, a documentos de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) —¡gracias de nuevo, Guillermo Sheridan!—, y han alertado de que con el nuevo modelo se pierde el dominio del razonamiento lógico-deductivo y la lectoescritura del español.

¿Por qué esos libros se elaboraron en la clandestinidad? No hay otra explicación: para eludir los cuestionamientos, las críticas, la participación plural de expertos y de profesoras y profesores fuera del círculo elegido por el inefable Marx Arriaga, quien seguramente se auxilió de pedagogos que comparten su inepcia, su fanatismo, su aversión a la libertad individual, su fobia a lo que denominan ciencia neoliberal, que les parece indeseable legado del “imperialismo europeo” (sic).

La resistencia no es sólo de las familias de orientación política conservadora o de progenitores mojigatos que se asustan de la educación sexual, sino de padres que se oponen a que a sus hijos se les someta a una instrucción deficiente, premoderna, anticientífica y que, además, se les pretenda adoctrinar con un modelo antiliberal y antiindividualista, de acuerdo con el cual la verdadera libertad no es la individual, sino la colectiva o comunitaria.

El nuevo modelo desconoce que la invención política del individuo es “la primordial aportación de la democracia” (Fernando Savater, Diccionario filosófico, Planeta). La renuncia a la singularización individual implica la desaparición del individuo sujeto de derechos, protagonista de la acción social y arquitecto —diría Amado Nervo— de su proyecto de vida.

Con esos libros se destruye el sistema educativo mexicano. Son un fraude a la nación y otro crimen contra niños y adolescentes.

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