Aspirante a ministro

Hago saber a las ciudadanas y los ciudadanos que fui tan buen estudiante que saqué ocho de promedio sin necesidad de estudiar porque me bastaba asistir a la mayoría de las clases. Me aburrían, pero entré al salón más de la mitad de los días hábiles. Los exámenes no fueron problema. Todos los alumnos, incluso algunos que nunca entraban a clases, los aprobábamos

Soy aspirante a ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Invito a la ciudadanía a votar por mí. Estoy de acuerdo en que a los juzgadores los elija el pueblo porque el pueblo es bueno y sabio, por lo que no se equivoca. Es urgente que se instaure un Poder Judicial al servicio del pueblo, que resuelva cada caso no atendiendo a la ley sino a la justicia, como dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador (le digo presidente porque para nosotros nunca será ex). Es verdad que habrá algunos asuntos en los que uno no tenga claro de qué lado está la justicia, pero si son casos relevantes, seguramente nuestra señora Presidenta se pronunciará sobre ellos en la mañanera, fijará su posición y así se sabrá cómo hay que decidir.

Hago saber a las ciudadanas y los ciudadanos que fui tan buen estudiante que saqué ocho de promedio sin necesidad de estudiar porque me bastaba asistir a la mayoría de las clases. Me aburrían, pero entré al salón más de la mitad de los días hábiles. Los exámenes no fueron problema. Todos los alumnos, incluso algunos que nunca entraban a clases, los aprobábamos. Por cierto, los maestros también eran bastante faltistas. No estudié en la UNAM que, como denunció el presidente, se ha derechizado, ni tampoco en una de esas universidades de gran prestigio entre los fifís, como la Ibero, la Libre de Derecho, la Panamericana, la La Salle, la Anáhuac. Si les gustan a los fifís, de seguro también son de derecha.

No recuerdo el nombre de la universidad en que cursé mi licenciatura, pero lo importante es que la concluí. Tampoco recuerdo el tema de mi tesis, pero me la dirigió una maestra muy buena onda que aceptaba dirigir 10 cada mes y aprobaba dos por semana. Es cierto que muchas de las tesis que esa maestra aprobaba eran copias idénticas de otras anteriores, pero eso no tiene nada de malo porque uno tenía que tomarse el trabajo de copiar la precedente, y al copiarla aprendía sobre el tema, aunque se aburriera como una piedra copiando más de 100 páginas. Las tesis son muy aburridas.

Esa maestra tan cuatita no tiene nada que temer si se le quiere sancionar por aprobar tesis copiadas (no me gusta la palabra plagiada) porque ya una jueza, que también se tituló copiando una tesis previa, resolvió que la pura mención del caso lesiona los sentimientos y la buena reputación de la persona afectada, y, en consecuencia, se condenaría a quienes se atrevieran ya no digamos a sancionarla, sino siquiera a exhibirla.

He defendido a presuntos narcos, a dirigentes de la Luz del Mundo, a servidores públicos acusados de delitos sexuales (de los que, por cierto, también he sido acusado), pero ¿no dijo el presidente López Obrador que ellos también son pueblo? Estoy tan preparado como una torta cubana con harta mayonesa, frijoles, aguacate y varias rajas de chile. Alguien me preguntó qué es el dolo eventual (creo que así lo llamó), lo que me pareció una pregunta capciosa, pero hice gala de mi agilidad mental y le respondí que, si eso existe, seguramente es el dolo que ocurre eventualmente, es decir, de vez en cuando.

No conozco la jurisprudencia generada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, pero eso es un mérito, ya que el gobierno mexicano no atiende sus sentencias porque son una interferencia que lastima nuestra soberanía. Tampoco conozco la jurisprudencia de la Suprema Corte mexicana, pero seguramente son resoluciones que, a diferencia de lo que se hará de ahora en adelante, optaron por la ley y no por la justicia.

Los conservadores no aprueban que el pueblo elija a los juzgadores porque se creen ese cuento de que la ley es la ley y que resolver un caso requiere de mucha ciencia cuando lo único que se necesita es tomar partido por el pueblo. La Suprema Corte actual dice que defiende los derechos humanos, pero esos derechos, como también lo ha proclamado nuestro presidente, son tan sólo —como el feminismo y el ecologismo— una coartada de los neoliberales para hacer de las suyas. La Corte debe jalar parejo con el segundo piso de la Cuarta Transformación. Nada de oponerse a los proyectos de la Presidenta. Lo de la autonomía del Poder Judicial también es una coartada de los conservadores para detener la edificación de ese segundo piso.

En mi sueño, el aspirante era una figura amorfa que hablaba sin dubitaciones y con voz aguardentosa. Desperté con taquicardia, empapado en sudor.

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