Rey Arturo: La leyenda de la espada

Si algo había tenido de atractivo el cine del británico Guy Ritchie es su estilo personal, que en un principio era muy original y en apariencia no tranzaba con los cánones de las superproducciones hollywoodenses. Lamentablemente, ya no es así. Con el que fue su segundo ...

Si algo había tenido de atractivo el cine del británico Guy Ritchie es su estilo personal, que en un principio era muy original y en apariencia no tranzaba con los cánones de las superproducciones hollywoodenses. Lamentablemente, ya no es así.

Con el que fue su segundo largometraje Snatch: Cerdos y diamantes, del año 2000, Ritchie se consolidó por su frescura, los movimientos y planos de cámara arriesgados, el uso frecuente del flashback para construir un relato lineal, la edición a ritmo frenético, el color saturado, buenas selecciones para el score musical, etc. Junto con la anterior película Lock & Stock, de 1998, y RocknRolla, de 2008, Snatch integra una trilogía muy Ritchie, lo más representativo de su estilo original.

No llevo la cuenta de cuántas veces se ha llevado al cine la fantasía de Camelot, el Rey Arturo, Merlín, Lancelot, Excálibur, los caballeros de la Mesa Redonda, el Grial. Para mí la más lograda versión sigue siendo Excalibur, de 1981, dirigida por John Boorman, ya que podría ser la más apegada a los legendarios relatos originales. Con música de Wagner, Carl Orff y una puesta en escena muy teatral, Excalibur cumple con creces.

Ya resulta innecesario llevar otra vez a Arturo a la pantalla si consideramos que la inmediata anterior es de 2004, que se ha hecho en múltiples versiones en blanco y negro, color, musical, animada, feminista, cómica, en parodia, etc. Pero la crisis creativa actual lleva a Guy Ritchie a sentir que es interesante dirigir Rey Arturo: La leyenda de la espada, producción estadunidense totalmente prescindible, que está en camino de ser su peor película, después de Swept Away, de 2002 en la que dirigió a Madonna, su mujercita en ese entonces.

Con un estilo como el de Ritchie era fácil caer en el exceso, tal como sucede aquí con todo y un presupuesto de 175 millones de dólares y su catálogo insufrible de efectos especiales que desdibujan la historia por completo.

Se inicia con la pugna entre el rey Uther (Eric Bana) y su perverso hermano Vortigern (Jude Law). Arturo, el pequeño hijo de Uther, es desaparecido de la corte y privado de sus derechos como heredero al trono mientras que Vortigern se convierte en el rey usurpador. En una secuencia de elipsis para mostrar el desarrollo de Arturo, lo vemos creciendo en un burdel, entre malhechores y delincuentes, aprendiendo buenas mañas de la escoria. Excalibur, la espada que quedó en el cuerpo petrificado de su padre, sigue esperando que el heredero legítimo al trono la arranque de la piedra.

Charlie Hunnam cumple a secas como Arturo. La construcción de la narración es confusa, atropellada, sin sustancia, sin Merlín ni Morgana ni mesa redonda, se va al vacío. El uso del flashback “explicativo” cae en el exceso. Es un intento de precuela a la llegada y toma de posesión de Arturo como rey, pero ahí hasta La espada en la piedra, de Walt Disney, es mejor.

Nada recomendable.

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