Hay nombramientos que sorprenden y hay otros que confirman. La ratificación de Roberto Velasco como titular de la SRE pertenece a la segunda categoría. Fue propuesto por la presidenta Claudia Sheinbaum, tras la renuncia de Juan Ramón de la Fuente por motivos de salud, y el Senado no tardó en darle el visto bueno.
Con 38 años, Velasco es uno de los funcionarios más jóvenes en alcanzar un cargo de este nivel dentro de la Cancillería. La juventud, sin embargo, es aquí el dato menos interesante. Lo que importa es lo que ese hombre de 38 años acumula detrás: una licenciatura en Derecho por la Universidad Iberoamericana y una maestría en Políticas Públicas por la Universidad de Chicago. No es un perfil construido para la foto, sino para la mesa.
Velasco conoce esa mesa desde adentro. Llegó a la Cancillería en 2018 junto con el entonces secretario Marcelo Ebrard, como director general de Comunicación Social. Desde ahí, en lugar de quedarse en el escaparate mediático, se fue corriendo hacia el núcleo duro de la negociación bilateral. En junio de 2020 fue nombrado director general para América del Norte, cargo en el cual estuvo al frente de las negociaciones con EU para solventar la crisis de gestión de agua compartida bajo el Tratado de Aguas de 1944, y fue pieza clave para que se llevara a cabo la visita oficial de López Obrador a Donald Trump para celebrar la entrada en vigor del T-MEC. O dicho de otro modo: negoció con Trump antes de que negociar con Trump se convirtiera en deporte de alto riesgo.
Lo que distingue a Velasco no es sólo que conozca a todo Washington, sino que Washington lo conoce a él. Ha encabezado negociaciones bilaterales y trilaterales de alto nivel sobre seguridad, movilidad humana, economía, frontera y gestión de aguas compartidas. Eso no se improvisa. Eso es capital diplomático acumulado pacientemente, administración tras administración, con demócratas y con republicanos, en los años de Obama’s hangover que fue Biden y en el primer y segundo ciclo de la era Trump. Ha hablado con los dos lados del pasillo del Congreso de EU porque la relación bilateral no se detiene en las elecciones de noviembre; se complica con ellas, pero no se interrumpe.
Alejandro Murat, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, defendió que el perfil de Velasco ha sido pieza clave en la negociación del entendimiento en materia de seguridad entre México y EU en 2025, y que ha permitido fortalecer la cooperación bilateral sin subordinación, con responsabilidad compartida, confianza mutua y respeto a la soberanía nacional. Es la fórmula que el gobierno de Sheinbaum ha repetido como mantra frente a la presión arancelaria, la narrativa del fentanilo y las amenazas de intervención. Velasco la vivió.
Ante la Comisión de Relaciones Exteriores, el nuevo canciller fue claro: “Cooperamos desde la defensa de nuestros intereses, no desde la negociación de la soberanía, dialogamos con base en principios, no en coyunturas.” Suena a declaración de principios, pero en boca de alguien que estuvo en las negociaciones, suena también a experiencia destilada.
La revisión del T-MEC se aproxima. La relación con Washington está bajo tensión permanente. Uno de los ejes será trabajar de manera conjunta con la Secretaría de Economía, encabezada por Marcelo Ebrard, para garantizar una revisión tersa del tratado comercial. El equipo, de hecho, no es nuevo: es el mismo que negoció el acuerdo original, reagrupado y ahora frente a una contraparte más agresiva y menos predecible.
México apostó por la continuidad técnica frente a la incertidumbre política. Podría ser la decisión más sensata de este inicio de abril, o podría ser un aprendizaje brutal sobre los límites de la expertise cuando el vecino del norte decide romper las reglas que él mismo escribió. Roberto Velasco sabe todo lo que viene. La pregunta es si lo que viene también sabe que él, Velasco ya está ahí.
