Matar un ruiseñor

La escritora norteamericana Harper Lee, autora de Matar un ruiseñor To kill a mockingbird, llegó a mantenerse durante 55 años como autora de un solo libro. Su icónica novela se convirtió en un fenómeno de ventas y en referencia obligada dentro del tema de la ...

La escritora norteamericana Harper Lee, autora de Matar un ruiseñor (To kill a mockingbird), llegó a mantenerse durante 55 años como autora de un solo libro. Su icónica novela se convirtió en un fenómeno de ventas y en referencia obligada dentro del tema de la segregación en Estados Unidos. Publicada en 1960 recibió el Premio Pulitzer, y con ese solo título Lee se hizo famosa en todo el mundo hasta la fecha. Se han vendido más de 30 millones de ejemplares en casi 50 idiomas. Hoy se le considera uno de los grandes exponentes de la literatura estadunidense contemporánea.

La versión cinematográfica de Matar un ruiseñor fue dirigida por Robert Mulligan en 1962 y tuvo el mismo éxito de la novela con siete nominaciones al Oscar de las cuales ganó tres, una de ellas para el Mejor Actor Gregory Peck, que hizo del personaje protagonista, Atticus Finch, uno de los grandes iconos del cine norteamericano.

No imagino a Finch interpretado por otro actor que no fuera Gregory Peck. Se caracterizaba por su enorme talento, la gran estatura, una voz cálida y grave, la forma de hablar pausada, su dignidad, que lo hacían creíble en la enorme variedad de personajes que interpretó, pero sin duda fue Atticus Finch el que se queda en la memoria.

Ubicada en los años de la depresión en un pueblo de Alabama sumido en la división racial y la discriminación que hace honor a aquello de “pueblo chico, infierno grande”, Matar un ruiseñor sigue a Finch, un abogado viudo que vive con sus dos hijos pequeños, al que se asigna la defensa de Tom, un joven negro acusado de violar a una mujer blanca. Finch ha inculcado valores importantes en sus hijos, Scout de seis años y Jem de nueve. La experiencia que el juicio de Tom representa para toda la familia, cambiará sus vidas para siempre.

La historia está vista a través de los ojos de Scout, que es la narradora y que a su vez es la voz de la propia Harper Lee, quien basa el relato en sus vivencias de la infancia, aunque siempre ha afirmado que no se trata de algo autobiográfico. Con toda la inocencia de sus seis años, Scout nos lleva al universo infantil en unas vacaciones de verano. Es una niña poco femenina a la que le falta la figura materna, pero que vive llena del amor de su padre y hermano con el que hace travesuras inocentes y huye del enigmático vecino Boo, interpretado por Robert Duvall (que entonces tenía 31 años). Scout tiene grandes dificultades para comprender a los adultos y ese esquema que juzga inferiores y despreciables a las personas que tienen un color de piel diferente. A través del amor y el ejemplo, Atticus le ha enseñado una bella metáfora: “no se debe matar ruiseñores que sólo cantan y no le hacen daño a nadie”.

Matar un ruiseñor fue filmada en blanco y negro, lo que le da un valor particular. Es una película austera que privilegia la historia de manera delicada y elegante. La adaptación cinematográfica es muy acertada. Bajo mi punto de vista casi supera al libro. Además de ser una reflexión profunda en torno a la segregación es también un viaje por la pérdida de la inocencia, la compasión, la valentía y el deber ser.

55 años después, Harper Lee ha dejado de ser la autora de un solo libro con la publicación de Ve y pon un centinela (Go set a Watchman) que se ha publicado en Estados Unidos en inglés y español de manera simultánea. La acción retoma Matar un ruiseñor, veinte años después, cuando Scout regresa al pueblo de Alabama para visitar a su padre.

La comentaremos en este espacio.

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