Ni las cabañuelas resisten el cambio climático
Los saberes tradicionales están vinculados con la cosmovisión de diversas culturas. A lo largo de la historia, el conocimiento sobre el tiempo condiciones locales de temperatura, precipitaciones, viento, etcétera ha sido fundamental y se ha manifestado de diversas ...
Los saberes tradicionales están vinculados con la cosmovisión de diversas culturas. A lo largo de la historia, el conocimiento sobre el tiempo —condiciones locales de temperatura, precipitaciones, viento, etcétera— ha sido fundamental y se ha manifestado de diversas maneras, como en calendarios agrícolas, las cabañuelas o la observación de las nubes y los astros.
Los sistemas tradicionales de predicción del tiempo en muchos rincones del planeta han sobrevivido a través de los siglos y aún hoy generan fascinación, pero también debate científico, porque esta práctica arraigada en diversas culturas mezcla el saber popular con un toque de misticismo.
Organismos y estudiosos están documentando estas prácticas como parte del patrimonio cultural inmaterial. La Unesco, al respecto, indica que los conocimientos y usos sobre la naturaleza y el universo reflejan saberes, prácticas y representaciones creadas por las comunidades en su interacción con el entorno, y estos modos de entender, expresados en lenguaje, tradición oral, espiritualidad y visión del mundo, influyen en valores, creencias y tradiciones culturales, mientras son moldeados por el entorno natural y social de las personas.
Esto incluye conocimientos ecológicos tradicionales, saberes indígenas, flora y fauna locales, medicina tradicional, rituales, creencias, cosmologías, organización social, festividades, idiomas y artes visuales.
Así, una de las prácticas relacionadas con el estado del tiempo son las cabañuelas. Hay indicios de que forman parte de una tradición judía llamada la fiesta del Sukot —que significa choza o cabañuela— o de los tabernáculos, realizada para la vendimia a finales del verano, entre septiembre y octubre. Esta celebración se arraigó en España para pedir que lloviera durante el invierno y con la Conquista llegó al Nuevo Mundo.
Las cabañuelas en América Latina se remontan a las culturas mesoamericanas. En México, en específico, los aztecas adoptaron este saber de los mayas y, en ambas culturas, el calendario estaba dividido en 18 meses con 20 días cada uno. Así, en los primeros 18 días del primer mes se trazaba el tiempo para cada uno de los 18 meses.
Las cabañuelas consisten en un método empírico que interpreta el tiempo de los primeros días de enero para prever las condiciones meteorológicas del resto del año.
Por ejemplo, las condiciones climáticas del 1 de enero se asocian al mes de enero, las del 2 de enero, a febrero, y así sucesivamente hasta llegar al 12. Luego, entre el 13 y el 24 de enero, se realiza una observación inversa para confirmar los patrones.
Basados en esta predicción, el domingo pasado, 5 de enero, llovió en algunas partes del país y para aquellos que creen en las cabañuelas, esto indica que en mayo habrá precipitaciones.
Sin embargo, los pronósticos meteorológicos apuntan que estas condiciones se debieron al frente frío 21 y a la presencia de un vórtice polar. Por cierto, ayer, 6 de enero, gran parte de Estados Unidos sufrió una tormenta invernal.
Mientras, ayer el Servicio Meteorológico Nacional alertó sobre la llegada de la segunda tormenta invernal de la temporada que interactuará con el frente frío 21. Esto traerá temperaturas extremadamente bajas, nevadas y lluvias en el norte del país en los próximos días.
Lo anterior es un ejemplo de los aportes de la meteorología, una disciplina científica que ha ido evolucionado en los últimos años.
La meteorología se basa en un enfoque que combina física, química y matemáticas para estudiar la atmósfera y sus procesos. El desarrollo de satélites, radares, estaciones de monitoreo y modelos a través de complejos programas computacionales han permitido generar predicciones climáticas con un alto grado de precisión.
La Organización Meteorológica Mundial señala que las predicciones modernas pueden anticipar eventos meteorológicos como huracanes, lluvias intensas o sequías con días e incluso semanas de antelación, lo que salva miles de vidas y protege infraestructuras críticas. Más aún cuando se cuenta con alertas tempranas.
La forma más segura y confiable de conocer el estado del tiempo y saber cómo se ha ido comportando el clima a lo largo del tiempo es a través de la ciencia. En contraste, las cabañuelas se basan en correlaciones anecdóticas y subjetivas, lo que limita su capacidad predictiva.
Volviendo a los saberes tradicionales, en nuestro país hay comunidades y agricultores que aún pronostican el tiempo con la observación del entorno natural para interpretar los patrones climáticos anuales para sus cosechas. Así, tenemos un tipo de agricultura llamada de temporal, en la que la siembra y la cosecha están relacionadas con el comportamiento de las lluvias.
Este conocimiento tradicional, transmitido de generación en generación, no se basa en principios científicos modernos, pero para muchos agricultores sigue siendo una herramienta para planificar sus cultivos.
Y se pone interesante, porque el cambio climático ha alterado los patrones de lluvias, así como los ciclos biológicos de plantas y animales, transformando también las formas en que entendemos y nos relacionamos con el entorno. Esto, desafortunadamente, impacta a la agricultura de temporal y otras formas de producir alimentos.
Fenómenos como el aumento de las temperaturas, las lluvias torrenciales y las sequías extremas están desafiando tanto a la meteorología como a la observación empírica o cabañuelas.
